miércoles, 18 de julio de 2018

Lectura crítica: “The spy who came in from the cold”


Hasta la fecha solo ha habido un par de libros que me haya releído y ambos han sido de Harry Potter allá por la época en que era un joven imberbe y lleno de ilusión por todo que esperaba con ansias el estreno cada año de las películas sobre los libros. No ha habido más relecturas desde ese momento. No me considero un lector que pueda permitirse el lujo de volver a leer un libro teniendo tantos libros pendientes en la recámara. Sin embargo, este año durante mis vacaciones me propuse volver a leer una de esas novelas que en su día creo que no valoré como debería haber hecho. Y así hice: en la maleta que me llevé a Fuerteventura hace apenas quince días metí dos libros que ya había leído hacía unos años. De uno de esos libros ya hablé en el blog hace un tiempo del otro pienso hacerlo hoy. Tras esta relectura tengo claro dos cosas: que un libro bueno gana con lecturas sucesivas y que voy a empezar a plantearme el volver a leer algunos libros que en su día me marcaron.

Creo que ya va siendo hora de que confirme que mi escritor favorito es John Le Carré y que siempre le tengo en el punto de mira ya sea deseando que saque algún libro nuevo, cosa que ya por desgracia y debido a su edad poco va a suceder ya, ya sea porque quiero leer algún libro suyo que no haya leído. Esta vez he vuelvo a Le Carré porque tenía ganas de releer “The spy who came in from the cold”, quizá la novela que puso a este inglés de Cornualles en el mapa literario mundial aupándolo a las alturas, al Olimpo de la literatura. Sin ser su primera novela, este fue el libro que le dio fama mundial y que le hizo poder abandonar su puesto de funcionario en el Servicio de Inteligencia Británico para dedicarse a darnos a sus admiradores decenas de obras magníficas con las que soñar ser otras personas.

The spy who came in from the cold” quizá sea la novela de espías perfecta, de principio a fin. La novela arranca en Berlín, en la frontera entre las dos Alemanias, en el Muro, en uno de sus pasos fronterizos. Se está produciendo una espera tensa, Alec Leamas, espía británico está esperando que llegue uno de sus agentes, que salga por fin de Berlín oriental. Pero la espera se alarga, algo va mal. Algo se tuerce. El agente aparece a lo lejos, entre las sombras. No logra llegar al otro lado del Muro. Leamas vuelve a Londres derrotado. Ahí empieza el frío, la hibernación de este agente. Ahí empieza a tejerse una operación que debe acabar con una de las grandes cabezas de la inteligencia de la Alemania comunista.

A partir de este momento “The spy who came in from the cold” se vuelve una novela condenadamente frenética, con un ritmo endiablado que lleva al lector de salto en salto, de sorpresa en sorpresa, sin dejarle respirar, sin ganas de abandonar la lectura de la novela para comer, dormir, o ir al servicio a hacer sus necesidades. Hasta que llega el final, ese final que deja la boca seca, las manos temblorosas y al lector incrédulo por ver la escena que se acaba de desarrollar ante sus ojos y dentro de su mente sin haber podido hacer nada por evitarla.

La primera vez que leí “The spy who came in from the cold” quedé con la escena final grabada a fuego en mi memoria, pero no recordaba mucho más, salvo un viejo y gris aeropuerto berlinés y el tétrico Muro. De esa primera vez también recuerdo a Alec Leamas, ese cínico idealista desfasado inglés, espía de convicción que urde junto a los grandes nombres del Circus, Control, Smiley (aquí aparece ya el que será a la postre el gran personaje de Le Carré y uno de los más resaltables personajes de la literatura inglesa del siglo XX), Peter Guilliam… Ahora sin embargo, en esta segunda lectura me he dado cuenta de que esta novela entrañaba mucho más y en ella John Le Carré retrataba un mundo en plena descomposición de ideales y valores, tanto sociales como personales. También es cierto que aquella primera vez era un lector novel, un pipiolo admirador de Le Carré no preparado para admirar en toda su amplitud esta novela.

Para mi “The spy who came in from the cold” es quizá, después de esta relectura, la mejor de las novelas de John Le Carré. No hay un solo segundo de tregua en la trama. Tiene un argumento tan bien urdido y tejido que el lector no se da cuenta de nada hasta que llega el final y queda con la boca abierta no sabiendo muy bien en qué momento todo se torció, o en qué momento quedó engañado por los dobles y triples juegos de los diferentes personajes. El ambiente de la novela, los escenarios de la misma, todos sutiles pero al mismo tiempo tan importantes, hacen también de esta novela una novela de sensaciones, muy fotográfica y cinematográfica. Todo detalle aunque parezca nimio tiene su impronta en la trama dándola esos toques grises que acentúan el doble juego de sus personajes.

Con la relectura de “The spy who came in from the cold” he podido comprobar cómo Le Carré domina a la perfección el análisis psicológico de los personajes. El escritor inglés es un maestro de los diálogos y en esta novela lo demuestra haciendo que éstos sean fundamentales, ya que toda la acción prácticamente se desarrolla gracias a diálogos entre personajes. Los diálogos son fundamentales para entender el mundo que hemos dejado atrás, la época de la Guerra Fría especialmente; uno de ellos, el que se desarrolla en el juicio que tiene lugar hacia el último tercio de la novela, es probablemente la mayor clase magistral de historia del espionaje durante la Guerra Fría, cómo convicciones e ideales se supeditan a un bien mayor como era el Estado en la Alemania Democrática. En estas aguas tan grises y turbias Le Carré se mueve como nadie ha hecho y como nadie va a poder hacer.

The spy who came in from the cold” es esa clase de novelas que llevan al lector a querer ser partícipe de la historia ya sea de una manera o de otra. El personaje de Alec Leamas es muy atractivo por todas las contradicciones que acumula, el ambiente del otro lado del Telón de Acero es sumamente interesante y algunos diálogos dejan al lector tan estupefacto que es necesario volver a leerlos para aceptarlos tal como son. En definitiva esta novela es el perfecto thriller de espías, la novela perfecta de espionaje, ese libro que puedes leer en bucle sin aburrirte y siempre descubriendo matices que en lecturas anteriores se pasaron por alto. No será la mejor novela de la segunda mitad del siglo XX, pero es una obra maestra de su género. Sinceramente si alguien quiere entrar en el mundo Le Carré debería empezar por esta novela, aunque se corre el riesgo que después nada parezca semejante.

Caronte.

martes, 3 de julio de 2018

Lectura crítica: "Colinas que arden, lagos de fuego"

No ha sido premeditado pero al final me ha venido casi como anillo al dedo. No hay mejor manera que afrontar un periodo vacacional soñando con un viaje. En apenas un par de días iré de nuevo al aeropuerto para coger un avión que me llevará hasta las Islas Canarias para pasar allí unos merecidos y, por qué no decirlo, también anhelados días de vacaciones. Voy a la playa a desconectar y olvidarme de todo lo bueno y lo malo que tengo en la cabeza. Y me voy con las ganas que cualquier viajero tiene al emprender cualquier aventura lejos del hogar. Ha querido el azar, aunque mi mano también tiene mucho que decir en esto, que haya sido un libro de Javier Reverte, el gran escritor de viajes español, el que me haya acompañado en los días previos a este viaje. Obviamente Canarias no es el África que Reverte muestra en las hojas de este nuevo libro suyo que leo, pero en sus páginas si he encontrado las ganas que siempre hay que tener para seguir ideando y soñando viajes futuros.

Quien me conoce y sigue el blog sabe que Javier Reverte es uno de mis escritores de cabecera, al que recurro de vez en cuando sobre todo cuando me siento un poco perdido en relación a qué leer. No suele defraudarme tampoco ya que desde aquel primer libro suyo que leí hace ya unos cuantos años no ha habido libro de viajes suyo (ni novela tampoco, aunque estas han sido las menos) que me haya decepcionado. “Colinas que arden, lagos de fuego” no iba a ser una excepción. No lo ha sido. Tampoco lo hubiera podido ser por nada del mundo tratándose de un libro más sobre África: ese continente incrustado en el alma de Reverte y que por suerte o por desgracia también me ha incrustado a mí (aunque en mi caso nunca haya puesto un pie en África).

En esta ocasión Javier Reverte une en “Colinas que arden, lagos de fuego” dos viajes al continente africano. El primero de ellos a Kenia para recorrer a pie varias zonas icónicas del país, entre ellas el Monte Kenia, para llegar hasta el Lago Turkana. El otro viaje tiene como escenario Tanzania y en él el principal objetivo de Reverte fue montar en el Liemba, el trasbordador que semanalmente recorre de punta a punta el Lago Tanganika, una de las últimas reminiscencias de la época dorada del África postcolonial. En ese segundo viaje también hay un aparte especial en el que Reverte se acerca hasta dos lugares muy especiales para todo enamorado del continente negro: el lugar donde David Livingstone, el gran descubridor de África, el gran misionero blanco, el mayor afectado por el mal de África, se encontró con Henry Stanley; y el sitio donde se dice que está enterrado su corazón. Lugares de leyenda.

Tengo que apuntar un dato relevante sobre “Colinas que arden, lagos de fuego” y es que probablemente vaya a ser el último libro de Javier Reverte sobre África. La pasada Feria del Libro de Madrid, donde compré este libro y Reverte me lo firmó, pude intercambiar con el autor varias palabras y tras decirle yo que cada vez que leo un libro suyo me entran más ganas de visitar África como él lo ha hecho, me dijo que me animara y no dejara de hacerlo ya que él no volvería ya al continente negro. Es por tanto relevante tener este dato en mente ya que hay ocasiones en las que la melancolía de Reverte al escribir traspasa las páginas y llega al lector, para conmoverle y hacerle echar de menos África aún sin haberla pisado nunca.

La literatura de viajes en España es un género casi residual a diferencia de en el Reino Unido y otros países en los que este género tiene un respeto enorme. Javier Reverte es sin lugar a dudas el mejor exponente de escritor de viajes que tenemos en España ya que no solo sabe narrar con maestría sus aventuras y anécdotas personales, sino que combina eso con historia y leyenda. En “Colinas que arden, lagos de fuego” no iba a ser menos y además de viajar prácticamente con él día a día por África, sufriendo hoteles de mala muerte, carreteras inmundas y polvorientas, y animales salvajes, nos va completando la historia del continente africano que en anteriores libros ya ha ido narrando. Realidad, historia y leyendas se mezclan en las páginas de esta obra en la que el lector es un miembro más de la expedición de Reverte por tierras africanas.

Lo bueno que tienen los libros de Reverte sobre África es que cada uno es diferente. El paisaje y los escenarios pueden ser parecidos pero como en ocasiones se dice en el libro, África nunca es la misma. En “Colinas que arden, lagos de fuego” el lector acostumbrado a Reverte haya ecos lejanos de otros de sus libros y descubre nuevos horizontes a los que, y es mi caso particular, uno quiere ir y dejarse llevar por la aventura, el caos y lo inesperado. Leer sobre África es siempre soñar, ya que África siempre ha estado en la imaginación colectiva: desde los documentales de La 2 de la hora de la siesta, hasta la película del Rey León, pasando obviamente por los zoos a los que de pequeños nos llevaban nuestros padres. África está en el ADN de nuestra memoria, solo hace falta que activemos la enzima necesaria que nos lleve hasta ese inabarcable continente.

No soy neutral con Javier Reverte, y menos aún con un libro suyo sobre África. Por ello me es muy complicado no amar “Colinas que arden, lagos de fuego” ya que en él he vuelto a sentir las mismas sensaciones que experimenté hace ya unos años cuando leí su primer libro sobre el continente africano. Haber vuelto a leer a Reverte narrar sus experiencias africanas, sus noches de incesantes ruidos salvajes, sus días de agobiante calor, sus tratos con gentes locales, sus trayectos en coches que se caen a pedazos, sus caminos de polvo, sus historias legendarias y el pasado histórico de un continente en el que surgió la vida en la Tierra hace muchos miles de años; como digo haber vuelto a tener estas sensaciones con la lectura de un libro es algo impagable. Por esta misma razón recomiendo, no ya este libro, sino cualquiera de Javier Reverte en el que el escritor madrileño narre alguno de sus viajes a África o a cualquier otra parte del mundo, porque con él se viaja, se aprende y se crece como lector y persona.

Caronte.

martes, 19 de junio de 2018

Lectura crítica: "Ese dulce mal"


Muchos años han pasado desde que empecé a leer novela negra y me convirtiera en un fan indiscutible de este género, generalmente efectista y sin calidad real, tan popular últimamente y en el que aparecen cada segundo nuevos autores. Sin embargo, hasta este año nunca había leído a una de las indiscutibles damas de este género, quizá su exponente más importante en el siglo XX (sin contar a Agatha Christie), como fue Patricia Highsmith. Este hecho, imperdonable de por sí, siempre me venía a la cabeza cuando en alguna librería de segunda mano veía alguno de sus libros y nunca terminaba por decidirme a comprar ninguno. Hasta esta pasada Feria del Libro. Fue en el Retiro madrileño donde, acompañado por mis dos únicos amigos a día de hoy, compré este libro siguiendo las recomendaciones hechas en una página web del diario El País en la que se enumeraban las 40 o 50 (no recuerdo la cifra exacta) mejores novelas negras del siglo XX; en cuando vi el nombre de Patricia Highsmith decidí que ya había llegado el momento de leer a esta autora esencial en cualquier biblioteca personal.

Como acabo de decir “Ese dulce mal” es una novela que decidí leer por aparecer en una lista de mejores libros de novela negra. No es que yo sea muy fan de este tipo de listas, pero sí es cierto que de vez en cuando me fio de ellas para elegir mis lecturas. En esta ocasión he de reconocer que he salido ganador de la apuesta y la lectura de esta novela de Highsmith ha sido altamente adictiva y satisfactoria. Además, y siguiendo mi propósito de leer más en femenino, me he acercado a la obra de una autora que faltaba en mi biblioteca, pero de la que ahora sí que quiero leer más.

Ese dulce mal” es una novela de trama aparentemente sencilla, ya que narra la historia de amor tormentoso y loco de David, un químico que vive en una pensión en Nueva York y que pasa los fines de semana en una casa en el bosque, por Annabelle su amor platónico pero nunca correspondido casada además con otro hombre. He dicho que es una historia de amor, pero en realidad es la historia de una obsesión loca, desmedida y esquizofrénica. El amor nunca es algo inocuo, nunca se ama con moderación sino con toda el alma, en cuerpo y mente, y en esta novela Patricia Higsmith lleva este punto al límite presentándonos un thriller psicológico que poco a poco va in crescendo envolviendo al lector en una atmósfera maníaca.

Al principio dije que “Ese dulce mal” es una novela negra, pero me tengo que corregir: esta novela no es un noir al uso, es un verdadero thriller en el que la personalidad del protagonista, David, es el verdadero eje central de la trama. Es apasionante leer como lo que en apariencia era un amor casi imposible, lleno de sentimiento, ese sentimiento que desgarra por la ausencia de la amada, se va tornando delante de los ojos del lector en un amor loco, que va haciendo que el protagonista vaya sacando su verdadera personalidad dando paso al monstruo obsesionado por una mujer a la que nunca ha tenido pero de la que no puede separarse porque su otro yo la ve siempre a su lado y la imagina donde nunca ha estado.

Patricia Highsmith hace una disección profunda y bestial sobre las tentaciones humanas, sobre las obsesiones y manías de un ser humano. “Ese dulce mal” es el reflejo de un conocimiento muy profundo de la personalidad humana, casi animal en algunas ocasiones. Es una novela tan bien escrita y tan bien estructurada que poco a poco el lector se va dando cuenta de la verdadera personalidad de su protagonista, temiendo a veces que exista y seamos nosotros los objetivos de su manía persecutoria. En varias ocasiones durante su lectura la ansiedad de ver cómo David acosaba a Annabelle, aun cuando ésta le daba pie y esperanzas para ello, me ha llevado a pasarlo mal, a angustiarme y a temer que puedan existir personas así en la realidad. Pero la ficción es ficción, ¿o no?

Si soy sincero antes de empezar a leer “Ese dulce mal” pensaba que me iba a encontrar no con un thriller psicológico tan bien planteado y tan absorbente y agobiante como este, sino con una novela negra en toda regla. Para mi sorpresa, mi grata sorpresa, esta novela ha sido un gran soplo de aire fresco en los libros que suelo leer, que ha dado también un giro radical a la concepción que tengo de la novela negra y del thriller, ya sea policial o psicológico. Suele pensarse que las novelas negras o los thrillers no tienen calidad literaria y que su éxito se basa únicamente en una buena trama bien tejida, pero no. Las novelas negras que tanto proliferan hoy en día carecen de una cosa que este libro tiene, y es enganche, es profundidad psicológica, es análisis personal.

Es importante resaltar la alta calidad literaria de “Ese dulce mal” y la manera en que está escrito. Patricia Highsmith, con un estilo directo pero elevado, consigue traspasar el papel y llegar a la conciencia del lector haciéndole meterse casi en la piel del protagonista, para nuestra desgracia, y sentir su manía amorosa por Annabelle. Además la construcción de los personajes es tan minuciosa que es imposible no terminar por sentir lo mismo que ellos, porque al acabar la lectura del libro casi somos parte integrante de la trama. La sutil pero progresiva degradación de David desde ser un hombre normal hasta su autodestrucción hace pensar que la línea que separa cordura de demencia es tan delgada que quizá nunca seamos capaces de distinguir de qué lado estamos en cada momento; lo que es una idea inquietante cuanto menos.

Una vez he leído “Ese dulce mal” solo tengo palabras de agradecimiento a su autora, por desgracia fallecida ya hace muchos años, y a la lista de El País en el que venía esta obra como una de las más importantes en su género. El thriller psicológico que Patricia Highsmith tan magistralmente ha armado en esta novela es sublime, llegando a rozar la perfección. El problema está en que las ideas y el fantasma que mete en el cuerpo y en la mente del lector tardan en desaparecer tras llegar al punto final, cosa que puede llegar a ser peligroso. Pero es lo que tienen los thrillers: si son buenos permanecen en la memoria del lector para bien o para mal o para ambos. No me queda más que recomendar este libro y más en estas fechas estivales en las que hay suficiente tiempo libre como para sumergirse en una historia aparentemente ligera pero que entraña mucha chicha.

Caronte.

jueves, 14 de junio de 2018

Lectura crítica: "Soñar bajo el agua"

Ya no me corto, ahora cualquier libro que tenga la posibilidad de leer que esté escrito por una mujer y que me pueda llamar mínimamente la atención lo compro y lo leo. Esto me ha pasado con el libro que hoy reseño y del que obviamente no tenía conocimiento ninguno. Gracias a la editorial he podido leerlo. Además de escrito por una jovencísima escritora que hace aparición en escena con esta primera novela, el libro me ha llamado la atención por desarrollarse en Londres, probablemente mi ciudad preferida de todo el mundo (sin contar Madrid claro). Este punto fue determinante a la hora de decidirme a leer la novela ya que todo lo que tiene que ver con la capital inglesa me llama mucho la atención y me atrae sobre manera; y en especial las novelas o libros que tienen Londres no solo como un escenario en el que se desarrolla la acción sino casi como un protagonista vivo más de la historia que en sus páginas se cuenta o se narra, ya que el Londres novelesco poco o nada tiene que ver con el real.

Soñar bajo el agua” es la primera novela de Libby Page, una jovencísima periodista del Guardian, con la que irrumpe en la escena literaria, como suele decirse, a lo grande ya que este libro ha sido todo un éxito en Reino Unido y sus derechos se han vendido a más de una veintena de países. Sin desentrañar mucho el argumento diré que esta novela versa alrededor de una piscina pública londinense al aire libre en un barrio a las afueras. Más en concreto, habría que decir que esta novela es la historia de dicha piscina a través de dos mujeres: una, Rosemary, de 87 años que lleva toda la vida bañándose en dicha piscina; y otra, Kate, joven periodista del periódico local que tiene que escribir una serie de artículos relacionados con el futuro cierre de la piscina para pasar a mano privadas.

Pese a la simpleza a primera vista del argumento de “Soñar bajo el agua”, esta novela va mucho más allá y narra también cómo dos mujeres solitarias, separadas por varias generaciones pasan a ser amigas, y a dejar a un lado su soledad. Aquí es donde Londres juega un papel importante ya que la metrópoli inglesa es un océano de personas en el que si no sabes nadar puedes hundirte rápidamente sin posibilidad de subir a la superficie y por tanto ahogarte. Londres no es para todas las personalidades y aunque está llena de gente, podría decirse que incluso abarrotada, la soledad es uno de sus mayores males. En esta novela es Kate quien vive eso, quien pese a haber siempre deseado ir a Londres a trabajar se siente fuera de lugar, ahogada en el océano de calles y casas que es Londres.

Soñar bajo el agua” también es la historia de una piscina y de un barrio: la piscina municipal de Brixton o The Lido por su nombre en inglés que además es el título original en inglés de la novela. Para quien no conozca Londres hay que decir que es una mega ciudad compuesta por muchos barrios que son tan diferentes entre ellos como un huevo y una castaña. Brixton es uno de esos barrios y como Kate y Rosemary en este caso también es un personaje más de la novela, en este caso a través de su piscina al aire libre (de las pocas que quedan en Londres), un oasis en mitad de un parque en mitad de la jungla de asfalto que es la ciudad. Y esto es uno de los grandes puntos a favor de esta novela ya que me ha permitido descubrir un Londres que imaginé que no existiría: un Londres rural pero urbano, amigable pero solitario, humilde pero sofisticado. Tras la lectura de este libro no es raro que en alguna de mis visitas a Londres decida ir en verano y pasarme por esa piscina ya que nunca imaginé que existiera algo así en la capital inglesa.

La lectura de “Soñar bajo el agua” gracias a su estructura de pequeños capítulos y su estilo sencillo y simple ha sido muy agradable y en apenas tres días me he leído la novela yendo y viniendo del trabajo en el metro. La trama tampoco es compleja ni complicada de seguir ya que a pesar de algunos flasbacks en la vida Rosemary todo ocurre en Londres, más bien en Brixton, y en algunos casos es hasta previsible la trama y lo que va a pasar, hay bastantes similitudes al final de la novela y pocos sobresaltos, cosa que quizá haga un poco plana la historia. Sin embargo, lo interesante de esta novela está en ver cómo pese a ser Londres una ciudad fría y distante hay lugares donde se hace barrio, donde hay fruterías de la esquina, mercadillos diarios, cafeterías de siempre, librerías de viejo donde poder charlar con sus amables dueños, donde existe la amistad bien entendida aunque parezca increíble que pueda existir entre tanto hormigón, ladrillo, asfalto y estrés laboral.

Pese a las evidentes carencias de “Soñar bajo el agua”, carencias que obviamente derivan de que Libby Page es una escritora novel que se ha lanzado a la piscina (nunca mejor dicho) con este libro, el lector que se anime a bucear entre sus páginas (estoy pesado con los símiles acuáticos) se va a encontrar una historia muy bonita, bien contada y bien estructurada que hará que su lectura se cómoda, divertida y sobre todo enternecedora. Hay momentos también para el lucimiento estilístico metiendo dos episodios surrealistas sobre un zorro que se pasea por el barrio como uno más.

Soñar bajo el agua” es además una novela actual, podríamos que decir millenial, ya que en ella son constantes los guiños a las nuevas tecnologías y a su poder de convocatoria y persuasión y de expandir una noticia más allá de unas simples fronteras físicas (en este caso las del barrio de Brixton). Sin embargo, y anteponiéndose a este poder moderno y cibernético de Facebook y Twitter, y demostrando un cooperativismo digno de la profesión, Libby Page no deja pasar la oportunidad de hacer valer el peso que ha tenido (¿y sigue teniendo?) el periodismo, ya que también esta historia va de cómo la presión ciudadana puede hacer que las cosas cambien y que no siempre gane el poder económico por encima de todo. Que nadie se asuste que la novela no tiene ningún tinte reivindicativo ni político ni sociológico ni ideológico.

Para acabar, solo me falta decir que pese a que como con cualquier libro nuevo que empiezo si es de un escritor que no conozco (y más a un novel) tuve mis dudas con respecto a “Soñar bajo el agua”, pero tras su amena lectura he de decir que Libby Page hace un debut bastante aceptable, entretenido, emotivo y profundo (ya que adivino que detrás del personaje de Kate hay mucho de la propia autora). El lector que quiera leer una aceptable novela, muy bien ambientada en Londres, en el Londres real y no en el de las postales típicas, con personajes entrañables y lugares pintorescos, con una historia de valores, sentimientos y amistad va a encontrar en esta novela un gran libro.

Caronte.

jueves, 7 de junio de 2018

Lectura crítica: "Historia de una maestra"


En un mundo en el que las mujeres son un poco más que la mitad de la población era y es incomprensible que yo lea en un 90% de los casos a escritores en lugar de escritoras. Este es un dato, y sí, es un dato que me avergüenza como persona y como lector a partes iguales. Por esta razón me he decidido a leer mucho más a autoras en los próximos meses para ponerme al día, y a incorporar la literatura escrita por mujeres a mis hábitos de lectura en los próximos años, porque es incomprensible que no haya leído más novelas escritas por mujeres. Más incomprensible es quizá que solo pueda citar entre las mujeres a las que he leído a un puñado de ellas, tan pocas que me sobrarían dedos de las manos para nombrarlas. Para solventar esta enorme laguna (casi un agujero negro en mi reputación lectora) la semana pasada me acerqué a mi librería favorita de segunda mano para echar un vistazo principalmente a libros de escritos por mujeres; de ese vistazo largo que di resulta la crítica de esta novela.

Josefina Aldecoa fue una de las grandes damas de las letras españolas y como casi siempre suele pasar es nuestra querida España, tras su muerte cayó en el olvido salvo para los mismos de siempre: bibliófilos empedernidos amantes de los libros y la buena literatura. De entre los varios libros que podría haber elegido, me decidí por “Historia de una maestra”, en primer lugar y siendo sinceros porque no es un libro muy extenso (apenas 230 páginas), pero también porque leída la sinopsis me interesó mucho. Tras su lectura puedo confirmar que una vez más mi instinto ha vuelto a ser certero y no puedo estar más que orgulloso de la decisión que tomé.

Historia de una maestra” es como su propio nombre indica la historia de Gabriela, una maestra que recibe su título a principios de los años 30. Ya desde ese principio el planteamiento de la novela es de una fortaleza soberbia ya que en una España de provincias, agrícola, rural y analfabeta que una mujer estudiara para ser maestra es toda una declaración de intenciones. Josefina Aldecoa a partir de ese planteamiento narra la historia de superación de esta joven maestra que intenta por todos sus medios y de la mejor forma que sabe transmitir a sus alumnos allá donde sea las ganas de aprender y planta en ellos la semilla del conocimiento.

La novela se divide en tres partes bien diferenciadas. En la primera de ellas Gabriela narra cómo decidió estudiar para maestra y cómo una vez consiguió el título estuvo vagando por diferentes escuelas haciendo sustituciones hasta que al final hace el examen para conseguir plaza fija en la escuela que elija. Su elección es Guinea, antigua colonia española. Para mí esta primera parte de “Historia de una maestra” es la más interesante por ser la más exótica, la que muestra realmente la valentía de las mujeres que son siempre las que mueven el mundo aunque los hombres siempre hayamos querido fingir que éramos nosotros. En Guinea se enfrentará al clasismo y al racismo entre blancos y negros en un mundo exótico donde cada día es una aventura. En Guinea conocerá a un médico de color con quien tendrá una relación muy estrecha que le marcará toda su vida. Y en Guinea contraerá la enfermedad que hará que Gabriela tenga que volver a España para recuperarse.

Las otras dos partes en que se divide “Historia de una maestra” se desarrollan en España, entre las provincias de León y Asturias, en pueblos pequeños, atrasados, llenos de cuchicheos, supersticiones, en los que la Iglesia tiene un poder absoluto, en el que los señores de las tierras gobiernan como quieren, en los que la ignorancia y el analfabetismo son el día a día. Así, Gabriela se casará con Ezequiel, otro maestro de provincias, y tendrán una hija, Juana, y los tres vivirán momentos importantes de la historia convulsa de los años treinta españoles: la llegada de la República, la Revolución minera de Asturias del 35 y la sublevación militar del 36.

Podría parecer que en una novela como “Historia de una maestra” de apenas 230 páginas como dije al principio no caben tantos acontecimientos. Y sin embargo Josefina Aldecoa logró aunarlos todos y narrar una historia de superación en la que los miedos, los retos, la fuerza y el amor a una profesión y a unos ideales de progreso mueven a una mujer valiente a demostrar que la fuerza no está en el sexo que se tenga sino en la voluntad por cambiar las cosas que uno posea. Gabriela es una mujer fuerte, decidida, que ama su profesión, con unos ideales muy avanzados para su época, que tiene que luchar no solo para sacar adelante a su familia, sino para educar a chicas y chicos que tienen sobre su espalda el peso de la tradición y el pasado atrasado en el que están.

Historia de una maestra” no es una novela feminista ya que en ella no se muestran mujeres sobrenaturales, heroínas que se enfrentan a agravios comparativos, sino una sola mujer normal y corriente, que quiere que las cosas cambien en su entorno, que quiere que sus ideales se cumplan para que así todo pueda mejorar. Tampoco, y pese a todos los acontecimientos históricos que roza, tampoco es una novela histórica ya que esos acontecimiento no sirven más que para contextualizar la historia de Gabriel y con ella la de Ezequiel, sus padres y sus amigos, vecinos y compañeros. Esos acontecimientos son los que muestran el atraso de una sociedad lastrada por la religión, sometida por los terratenientes e inútil políticamente hablando.

Con todo lo anterior, y como remate, no puedo más que decir que “Historia de una maestra” has sido uno de mis mayores descubrimientos literarios. Tras la lectura de esta novela sé que quiero seguir leyendo a Josefina Aldecoa, y también que quiero seguir descubriendo grandes escritoras parecidas a ella y que en la historia de la literatura, española y universal, hay aunque yo haya sido tan imbécil de dejarlas de lado muchos años centrándome en una literatura masculina pensando que las novelas escritas por mujeres siempre versarían sobre los mismos temas. Error monumental. Por suerte creo que voy a empezar a revertir esta gran metedura de pata. Por ello animo a todo el mundo a descubrir no solo esta novela sino también a su autora que seguro que tiene mucho que aportar a un buen lector.

Caronte.

sábado, 26 de mayo de 2018

Lectura crítica: "Como la sobra que se va"


Estaba en Polonia, concretamente en Breslavia, en una cafetería frecuentada por estudiantes y gente joven, tomándome un té con un pedazo de tarta de queso, mirando el móvil, Twitter, cuando me enteré de que los nominados al Man Booker International de este año incluían 4 novelas en castellano, 3 de ellas escritas por autores españoles. Una de esas novelas fue esta que voy a reseñar hoy y que desde esa tarde en Breslavia decidí que compraría y leería. Posteriormente este penúltimo libro de Muñoz Molina paso la primera criba de los jueces del prestigioso premio inglés y llegó hasta la final. Hace apenas un par de días se falló el premio, pero por desgracia no puedo añadir que el hecho de que esta novela ganara ya que al final no fue así. A pesar de esto, he de decir que no olvidaré nunca el impulso que me llevó a leer esta novela que al principio cuando se publicó no entraba en mis planes por considerarla alejada de la ficción narrativa que tanto me gusta de Muñoz Molina.

Como la sombra que se va” no es una novela al uso en la obra de Antonio Muñoz Molina. En esta ocsaión no hay personajes ficticios, ni tramas inventadas, ni ecos de Mágina por ningún lado. Todo en esta novela es real: las dos novelas en una que conforman este libro son un ejercicio de maestría narrativa digno de muy pocos escritores contemporáneos. Por un lado, tenemos la historia del asesino de Martin Luther King, su vida, sus obsesiones, su huida de Memphis y de EE.UU., su paso por Lisboa, su arresto. Por otro, tenemos al mismísimo Muñoz Molina abierto en canal, plasmando en papel su vida durante los meses que le llevó escribir su primer gran éxito literario como fue “El invierno en Lisboa”, novela que consiguió dos de los principales y más prestigiosos premios literarios de este país.

No hay ficción en “Como la sombra que se va”, o al menos no la hay en el sentido estricto de la palabra. Obviamente Muñoz Molina no puede saber qué pensaba, en qué reflexionaba, qué agobiaba, o a qué temía James Earl Ray, el asesino (o quizá magnicida según se considere la importante de entonces) de Luther King la tarde del 4 de abril de 1968, pero es en esa fabulación, en ese ejercicio de mimetismo con la mente de un perturbado como la del asesino protagonista de esta historia donde radica gran parte del interés de esta inmensa novela. Todos los pasos que da Ray, todas las cosas que lleva encima, los lugares que visita, las personas con las que se cruza son reales y Muñoz Molina, con una obsesión compulsiva de escritor, desgrana poco a poco toda la personalidad de James Earl Ray hasta parecer que es él mismo quien está escribiendo y no es autor ubetense.

Tampoco hay ficción en la otra parte que conforma “Como la sombra que se va”. Y es que Muñoz Molina, por decirlo usando un tópico típico, se desnuda ante los lectores y nos cuenta cómo fue todo el proceso que le llevó a fraguar y escribir “El invierno en Lisboa”. Así los que llevamos ya tiempo leyendo a Muñoz Molina podemos observar al escritor ubetense más de cerca y conocer cómo es el proceso de creación literario. Todo empieza por una obsesión, una historia que contar y qué no se sabe muy bien cómo comenzarla. Luego viene la escritura y el verse desbordado por una historia que quizá no termina de encajar bien del todo tal cual estaba planeada. Por último, viene reencontrarse con uno mismo y encauzar obsesiones, aplacar miedos y encontrar ese lugar que permita que todo encaje. Ese lugar es Lisboa.

Es Lisboa en nexo de unión entre las dos historias que Muñoz Molina plasma en las páginas de “Como la sombra que se va”. Lisboa es el origen de la obsesión que lleva a Molina a indagar en la vida de James Earl Ray y a recordar al mismo tiempo sus propias obsesiones con esa ciudad que a la postre se convirtió en el escenario de su novela más premiada hasta la fecha, la que le dio fama y prestigio, y la que le permitió dejar su trabajo de funcionario para poder dedicarse a la profesión que de verdad quería: ser escritor.

La manera en la que Muñoz Molina se ha mostrado a sus lectores en “Como la sombra que se va” es digno de admirar. Por así decirlo se ha hecho una autopsia a sí mismo, se ha diseccionado, se ha desnudado íntegramente para mostrar toda la verdad, toda la intensidad, la pasión, las obsesiones, los miedos y temores, todos los sentimientos intensos que la literatura es capaz de producir. Muñoz Molina lleva en la sangre toda la pasión literaria de sus lecturas, de sus autores preferidos, y en este libro usa por tinta esa sangre, logrando con ello construir una novela, una obra narrativa, extraordinaria, de una belleza narrativa increíble y de una sinceridad apabullante.

Como dije al principio “Como la sombra que se va” a priori no era un libro que me llamara la atención cuando salió allá por 2016, básicamente porque la mezcla de ficción y realidad, o simplemente la realidad ficcionada, no es algo que me llame la atención, y mucho menos la ficción autobiográfica. Vamos que este libro tenía todo para no gustarme y, sin embargo, ha sido una de las lecturas más intensas, más interesantes y más enriquecedoras que he hecho en los últimos meses. Y todo gracias a que una tarde en Breslavia tomando un té y un trozo de tarta solo en una cafetería me dio por mirar el móvil mientras enfriaba el té y topé con la noticia que he citado al principio sobre el MBI Prize. Probablemente el cómo decidí leer este libro sea una de esas historias que siempre vaya a recordad, y eso también es algo que agradeceré siempre a esta novela y a Muñoz Molina.

No voy a decir que “Como la sombra que se va” es un buen empiece para acercarse a la obra de Muñoz Molina porque al menos para leer esta novela habría que leerse “El invierno en Lisboa” ya que como he dicho una parte de esta novela trata sobre el proceso de escritura de aquella obra. Lo que sí puedo decir es que esta obra es quizá uno de los ejercicios de sinceridad literaria más profundos e intensos de los últimos años, y de los más interesantes que haya leído en mi vida. No puedo más que sentir un profundo aprecio por Muñoz Molina y un sincero agradecimiento por un libro en el que se plasman ante todo las filias y fobias de todo escritor que ve, oye, huele y siente la literatura como si fuera una parte esencial de su vida. Esta es una obra soberbia de narrativa que muy probablemente no deje indiferente a nadie que la lea y que seguro queda en la memoria mucho después de haberla leído.

Caronte.

miércoles, 16 de mayo de 2018

Lectura crítica: "La colmena"


Leer a un nobel siempre es misión compleja y arriesgada por el propio peso del premio y por la predisposición a la que éste te hace estar. Un Nobel siempre es un reto además, ya que por norma general los premiados suelen ser escritores bastante desconocidos antes de que se les conceda, al menos fuera de las fronteras de sus respectivos países, y vuelven a serlo una vez pasa la euforia de la concesión y la entrega del mismo; pocos son los autores a los que un Nobel les sitúa para siempre en la esfera de la fama mundial de la literatura. A Cela el Nobel le llegó en su plenitud, siendo muy conocido ya en España, no solo por sus libros sino por su fortísima personalidad y quizá también por su pasado como censor del régimen. Premiado además con el Príncipe de Asturias y el Cervantes, y académico durante más de cuatro décadas, Camilo José Cela es uno de los grandes escritores del siglo XX en España guste o no ya que como todo en la vida para gustos están los colores.

Pese a que Cela es una de las figuras referente de las letras españolas, es un autor al que he tenido bastante abandonado. Hace un par de años leí “La familia de Pascual Duarte” y desde entonces he estado buscando la oportunidad de seguir leyendo su obra. Esto ha sido así hasta el pasado Día del Libro cuando mis padres me regalaron “La colmena”, quizá su obra más famosa y probablemente la más leída de Cela. De por sí esto no hace que esta novela sea la mejor de su autor, aunque probablemente con tanto consenso sea así, cosa que aún no puedo afirmar con rotundidad ya que solo he leído dos novelas del escritor gallego.

Puede quedar pretencioso que un pipiolo lector como soy yo se ponga a criticar y reseñar “La colmena” siendo todo un clásico de las letras patrias como es, pero en su día me propuse hablar de todos los libros que pudiera fuera cual fuera su autor, su año de publicación o su temática. También que poco de lo que diga podrá añadir nada a todo lo dicho ya sobre esta novela, y por tanto la originalidad de mis comentarios quedará en segundo plano.

De “La colmena” ya se ha dicho todo o casi todo pero para mí esta novela es uno de los grandes frescos sobre Madrid que hay en la literatura. Hay quien la tacha de novela social costumbrista en la que impera la descripción de las clases populares de la posguerra española, sin embargo yo prefiero verla como un retrato, quizá el más fiel, de ese Madrid que por suerte o por desgracia se perdió hace tiempo casi por completo pero que de vez en cuando, y sobre todo en algunos rincones del centro sigue resonando como un eco en una cueva. Esta novela es una novela de cafés, de calles, de plazas, de paseos; es una novela de la calle, de barrio, de ciudad; por eso dije al principio que este libro es un libro de Madrid, de sus calles, sus barrios y sobre todo, y por encima de todo también, de sus gentes.

No se puede hablar de “La colmena” sin decir que es una novela coral en la que no hay un protagonista ya que el protagonista principal es la gente, sus vidas, sus desventuras, sus devaneos, su intrahistoria como diría Unamuno. No puedo destacar ninguno porque todos me parecen reseñables. Sí es verdad también que hay varios personajes que aparecen durante toda la novela, Doña Rosa la dueña del café donde van a tomar algo muchos de los personajes del libro y que por tanto es uno de los escenarios principales, Julita y su familia y su novio, las diferentes mujeres de compañía… A pesar de esta multitud de personajes y nombres e historias el lector al final va poco a poco haciéndose una composición de lugar bastante clara y al final va recordando nombre que al acabar de leer le resultan familiares, como conocidos de toda la vida.

Aunque pueda parecer lo contrario “La colmena” es una novela de una profundidad muy relevante, tanto en el carácter y definición de los diferentes personajes, ya sea que aparezcan una única vez en la narración o acompañen al lector hasta el final, como en los temas que Cela quiso reflejar en el libro. No hay que olvidar que la novela no pudo ser publicada originalmente en España debido a la censura franquista, cosa que desde una perspectiva temporal actual resulta chocante ya que en la novela no encuentro nada que pueda resultar de mal gusto, ni que atente contra ninguna moral de manera grave. Es cierto que uno de los principales temas que Cela trata en el libro es el adulterio, la infidelidad y los devaneos y escarceos sexuales, cosa que probablemente haya pasado, pase y pasará toda la vida.

Otro de los temas principales de “La colmena” es la prostitución y la existencia de “queridas” y así muchos de los personajes más entrañables, y a la vez protagonistas de las escenas más duras, del libro son prostitutas y queridas de señores casados y con familias asentadas y trabajos más o menos respetables. Quizá estos temas fueran los que en su día sirvieron a la censura para prohibir que la novela fuera publicada en España, cosa que también dice muy poco del nivel cultural e intelectual que había por aquella época, primera época del Franquismo, en este país.

Pero como dije al principio de la reseña “La colmena” es una novela de Madrid sobre Madrid. Cela hace de Madrid un protagonista esencial de la novela y su trama, es la colmena del título del libro, ese lugar en el que viven, malviven y sobreviven las decenas de protagonistas que pasan por las páginas de esta novela. Cafés ya desaparecidos, casas de comida, imprentas, casas de citas, lecherías, pero ante todo calles y plazas y estaciones de metro. Los barrios de Ventas, Chamberí y Malasaña, calles de la Latina y el barrio de las Letras, esquinas del barrio de Salamanca. Cela compone casi un mapa viviente del Madrid de la posguerra con sus gentes humildes todas ellas, de trabajos manuales y rutinarios; tertulias de cafés, conversaciones puntuales por la calle entre conocidos y vecinos, confidencias a la luz de la luna y las farolas de gas, secretos guardados por los tabiques de habitaciones de pensiones de la calle Montera. Todo Madrid está concentrado en esta novela y el Nobel gallego supo hacer de la capital de España esa colmena pequeña pero abigarrada de gente y vida.

No voy a añadir más y simplemente quiero concluir diciendo que la lectura de “La colmena” debería ser una obligación para todo lector y amante de la literatura, española al menos. Es una novela que podrá gustar más o menos, resultar más o menos original teniendo siempre en cuenta la época en la que fue escrita, o que resultará más o menos entretenida, pero creo que debe ser leída y posteriormente reposada. Además no hay excusa para leerla ya que el estilo y el lenguaje que Cela usó para este libro son coloquiales y nada elevado y por ello su lectura es sencilla y rápida. Luego lo dicho, quien no haya leído esta novela debería hacerlo ya que siempre será uno de los referentes de la novela española del siglo XX, y además es nuestro Nobel más reciente, cosa que de por sí ya merecería nuestro respeto.

Caronte.