miércoles, 1 de mayo de 2019

Lectura crítica: "Vuelo 19"


Las primeras novelas de un escritor tienen algo de mágico siempre; en ellas un autor deja parte de su propia alma y de su ser. Sé qué es escribir y sé cuánto cuesta hacer una obra de más de 500 páginas. Todo es una inmensa montaña, sobre todo el inicio, empezar con la frase correcta es un océano inexplorado donde sin embargo una vez metido de lleno es el escritor el que sabe por dónde tiene que ir. La historia va narrándose poco a poco, llegando a momentos de bloqueo, otros de inspiración, otros de no poder parar y tener que casi uno obligarse a hacerlo para ir al baño a mear. Por eso esta novela, la primera del más que conocido periodista de radio Ponseti, tiene algo que muchas otras no suelen tener: intimidad. Toda novela es parte integrante de la personalidad de un escritor, pero la primera es algo que está por encima de todo eso haciendo que el vínculo novela-escritor quede fijado para siempre.

Vuelo 19” es una primera novela muy ambiciosa que lleva detrás un trabajo ingente de documentación e investigación que la hacen, en cierto modo, un tanto pesada de leer por la cantidad de datos técnicos sobre aviación que se nombrar a lo largo de sus páginas. En el fondo la novela está totalmente basada en hecho acaecido a finales de 1945, mismo año que acabó la IIGM y que supuso la mayor tragedia militar americana desde el final de la contienda y en tiempos de paz. Por esto digo que esta primera novela de Ponseti es ambiciosa, ya que no solo ficciona sino que tiene que basarse en hechos reales para contar esta historia.

Pero además de ambiciosa “Vuelo 19” es una novela arriesgada por su estructura y narración. Ponseti plantea desde el principio varios hilos tanto en personajes como localizaciones y tiempos. La historia se desarrolla en dos momentos diferentes, el 5 de diciembre de 1945 cuando desaparece el vuelo protagonista de la novela; y posteriormente tres semanas después, a partir del 26 de diciembre cuando el único superviviente de dicho vuelo huye de florida para iniciar una nueva vida.

Si tuviera que indicar un protagonista de “Vuelo 19”, novela que por otra parte no tiene claros protagonistas, sería Paonessa, un joven piloto de ascendencia italiana que luchó en la IIGM librándola sin ser herido ni nada, pero que el destino le lleva a subirse al vuelo de instrucción 19 y terminar sobre los Everglades estrellado, dolorido y casi desahuciado de la vida. Sin embargo, no puedo quedarme únicamente con este personaje como protagonista, ya que la novela es coral, y hay multitud de actores que intervienen en ella. Muchos nombres, recopilados al final del libro para ayuda del lector, que en multitud de ocasiones es probable que se pierda entre tanto nombre, vuelo, avión, ubicación, etc.

La gran multitud de personajes, datos técnicos, palabras clave de vuelo, hilos narrativos y saltos temporales hacen de “Vuelo 19” una novela muy tediosa de leer, que cansa por la gran cantidad cambios que se producen en ella. El estilo tampoco es que sea una maravilla, como corresponde a una primera novela de alguien que hasta la fecha no ha hecho más que periodismo radiofónico. Estudiar una carrera de letras no te hace escritor ni te otorga la capacidad de narrar de manera convincente. La ambición a la hora de abordar una novela se puede tener una vez has entrado en este mundo con buen pie y llevas a la espalda unas cuantas cosas escritas humildes. No lo critico, porque quizá el ansia de contar de Ponseti ha hecho posible este libro, pero como novela deja mucho que desear.

Ambición y riesgo están muy bien en el fútbol, mundo del que viene Ponseti, pero para una novela como “Vuelo 19” que aspira a ser una gran historia sobre un episodio oscuro, tenebroso, no resuelto y misterioso de la historia de la aviación mundial no son cualidades que deberían primar a la hora de crear y conformar la historia. Creo que el plantear tantos hilos narrativos en la trama ha hecho que a la hora de ver el tapiz completo desde lejos y con perspectiva el lector se encuentre un poco perdido siguiendo hilos que no llevan a ninguna conclusión. El usar tiempos distintos, pero apenas distanciados los hechos tres semanas, hacen que sea absurdo tirar de dichos flashbacks que no aportan absolutamente nada. El aporte de datos técnicos, de claves de aviación y demás palabrería especifica en lugar de dar verosimilitud hace que la lectura se haga pesada y confusa.

La parte más reseñable de “Vuelo 19” es aquella en la que con un nervio narrativo muy intenso y un ritmo bastante endiablado a veces se narra la catástrofe del vuelo 19 real, sus problemas en el aire, su desesperada búsqueda e intento de solicitar ayuda, y su defenestración total. Bien podría en algún momento usarse esta parte y adaptarla a la gran pantalla, porque por momento parece que es un guion de cine y el lector bien puede imaginarse escenas rodadas por Spielberg o Coppola en mitad de una tormenta en la que se no ve nada y las comunicaciones cruzadas avivan la tensión de una situación abocada a un fin trágico.

Pero esto no salva al conjunto. “Vuelo 19” es una novela muy floja, que se ha pasado de ambición y al final una historia que tiene un fondo muy interesante se convierte en una sucesión de escenas medianamente interconectadas entre sí y vagamente repetitivas en las que se tira muchas veces de tópicos haciendo su lectura un tanto aburrida. Como primera novela es reseñable haber logrado algo de coherencia en lo narrado, ritmo en la parte más complicada y sobre todo verosimilitud, a pesar de tirar de tópicos y usar demasiada palabrería y repeticiones innecesarias para llenar más hojas. Es probable que sea buena novela de verano, pero porque en verano, en las tediosas horas de la siesta uno lee lo que sea.

Caronte.

viernes, 26 de abril de 2019

Lectura crítica: "City"


Siempre tengo los mismos problemas a la hora de elegir libro cuando voy a mi librería de segunda mano de referencia. Me termino bloqueando y mi cerebro pocas veces es arriesgado. Sin embargo, la última vez que estuve en esta librería terminé por decidirme por un libro cuya sinopsis está escrita por el propio autor; autor que ya había leído en dos ocasiones anteriores tras las que acabé encantado e ilusionado con la propia literatura y la capacidad de crear mundos mágicos, únicos y maravillosos. Nunca hay que dar por asegurado lo que una vez fue porque a veces las decepciones vienen por ese camino. Es increíble como Alessandro Baricco, un escritor italiano que descubrí con una fábula preciosa, “Seda”, puede concebir historias tan dispares y diametralmente opuestas, y cómo su estilo puede variar tanto de un libro a otro. La literatura es así: unas veces se tiene la suficiente inspiración para crear una obra única, y otras esta inspiración falla por muchas ganas que se tengan y se crea una obra sin alma.

City” es una novela larga que durante la mayor parte de la misma se me ha hecho muy pesada y aburrida. Empecé con ganas su lectura tras leer la propia definición que Alessandro Baricco hace del libro, que me atrajo ya que la pintaba como una historia mágica de nuevo en la que la realidad quedaba desdibujada en un mundo imaginario desbordante. Por desgracia la realidad de la novela es muy diferente y tras su lectura no puedo más que decir que he quedado más que decepcionado, desilusionado.

La trama está como dividida en tres secciones todas interconectadas: una historia de ficción narrada por una de las protagonistas; un relato de boxeo escuchado por radio (o elemento parecido); y la propia historia principal. Parece complejo, pero no lo es; “City” está bien estructurada en capítulos más o menos largos sin título en los que el estilo es muy diferente en cada una de las secciones. Para mí la única decente es la historia del oeste, ese western mágico que Baricco se invente y que sí que me ha recordado a sus otras novelas. Por lo demás: la de boxeo me ha aburrido soberanamente; y la principal, que va hilando todo, me parece insulsa, sin gracia, en definitiva: bastante aburrida.

Tengo la impresión que Baricco en “City” pretende imitar el estilo de Paul Auster. De hecho, en muchas ocasiones me resultaba bastante claro y evidente el intento de copia. El problema es que si se intenta copiar algo porque se admira hay que al menos hacerlo bien, con fundamento, y en esta ocasión Baricco no lo consigue. Esta novela parece una copia barata de cualquier novela moderna de Auster, con un mundo que parece calcado de la realidad, pero con imágenes a veces futuristas, a veces de un pasado bastante lejano, otras anacrónicas y generalmente como si fuera un espejo: muestra lo que somos sin ser lo que somos.

No quiero ser malo con Alessandro Baricco cuando en dos novelas me ha demostrado ser un escritor excepcional, con una imaginación desbordante y un estilo de escritura que atrapa al lector llevándole a mundos imaginarios mágicos. Pero con “City” no encuentro ni esa imaginación ni ese estilo. De hecho, si en lugar de haber descubierto a este autor italiano con “Seda” y continuar con “Océano mar”, hubiera comenzado con este libro, lo más probable es que nunca más le hubiera leído. Suena un tanto radical, pero la verdad es que la novela es tediosa, aburrida y muy pesada. Solo mejora hacia el final.

Ni tan siquiera los personajes son salvables. De hecho, podríamos hablar de que solo hay dos personajes en “City”, un crio superdotado y una mujer. El crío además tiene dos amigos invisibles, uno de los cuales es mudo (puramente mundo Auster, pero mal imitado). La maraña de personajes secundarios que rodean a los principales también es muy del imaginario del escritor neoyorquino, pero sin su gracia habitual y su credibilidad. Son copias baratas, lo repito. Y no es por querer desmerecer a Baricco, pero para mí esta novela es un fraude total. De hecho, sería casi para pedirle al autor algún tipo de indemnización por la desilusión generada, la pérdida de tiempo y el aburrimiento causado.

Si tengo que recomendar algo relacionado con “City” es que para descubrir el mundo literario de Baricco es mejor empezar por cualquiera de sus novelas anteriores y que he mencionado en esta reseña, y ante todo no leer esta a no ser que se esté dispuesto a llevarse un gran chasco. Me da bastante apuro tener que escribir sobre un libro en estos términos, pero es que la decepción es real, ya que me esperaba disfrutar leyendo y sin embargo, lo que he conseguido es frustrarme convenciéndome de que tenía que terminar el libro para verlo en su conjunto y poder admirarlo. Nada más lejos de la realidad, me alegré sobremanera al acabarlo ya que implicaba no tener que volver a tener que abrirlo. No sé si volveré a internarme en la literatura de Alessandro Baricco.

Caronte.


viernes, 5 de abril de 2019

Lectura crítica: "Un mal nombre"


Hace unos meses me propuse leer una de las sagas de novelas que más había dado que hablar en los últimos años, tanto por la propia calidad literaria de los libros, como por el misterio que rodeaba a su autora: Elena Ferrante. Hoy continúo la saga con el segundo libro de la misma volviendo a viajar (metafóricamente) a Nápoles y a meterme en la vida de las dos jóvenes protagonistas de este segundo libro en el que se narra su adolescencia y los vitales cambios que en ella se producirán y que harán que sus vidas dejen de ser las que fueron y empiecen a ser las que serán. A pesar de haber llegado tarde a esta saga, ya tengo la impresión de que va a ser uno de los ejercicios lectores más importantes que voy a tener durante este año y quizá el siguiente; porque no quiero agotar esta saga de golpe; quiero disfrutarla poco a poco, libro a libro, dejando su tiempo entre partes para que la historia repose y deje huella.

Así como el primer volumen de la saga de las Dos Amigas se centraba en la infancia y pre adolescencia acabando con la boda de Lila teniendo tan solo 16 años con Stefano Carracci, “Un mal nombre” continúa desde ese preciso momento y narra toda la evolución de ese matrimonio, así como la vida de Lenú atrapada entre su familia, su barrio de Nápoles y su voluntad de volar lejos de allí y realmente empezar a ser Elena Greco, sin compararse con nadie y no teniendo a nadie por lastre o rémora.

Un mal nombre” retoma, obviamente, a todos los personajes de la novela predecesora de la que es total continuación. Esto es probablemente es mayor problema que tiene la lectura de esta novela, y por consiguiente de toda la saga, ya que hay infinidad de personajes y familias, todas con nombres parecidos (en el fondo todos los nombres italianos se parecen, sobre todo los más típicos); y no solo ya sus nombres sino sus diminutivos, y también las relaciones que se establecen entre ellos, etc. Menos mal que al principio del libro se glosan todos los personajes de la novela divididos por familias y profesiones (cuales gremios medievales) así como unas pequeñas notas de cómo quedaron cada uno en la novela anterior. Gracias a esto quien lea este segundo libro tiempo después del primero (mi propio caso) puede retomar todo con tranquilidad.

Cuando empecé con esta segundo novela tuve la misma impresión que con la primera: me costó un poco entrar en la dinámica de la narración y en el ritmo de la misma. Pero una vez que me acoplé al ritmo narrativo de la novela, “Un mal nombre” pasó a ser una delicia de lectura. Elena Ferrante crea una atmósfera en la que el lector pasa a ser un personaje más del barrio y a ir de la mano, de forma invisible, de Lenú, la narradora y en el fondo protagonista de esta preciosa historia de amistad perdurable y verdadera.

Si en el primer volumen de la saga Lila y Lenù ya mostraban caracteres muy diferentes, casi me atrevería a decir opuestos, en “Un mal nombre” esta diferencia se va haciendo cada vez mayor, distanciando a las dos amigas poco a poco. Una distancia quizá creada por la arrogancia y la envidia, mutua, que van haciendo que las dos amigas se quieran y necesiten al mismo tiempo que saben que deben separarse para no hacerse daño del todo. Y ese es el proceso que se sigue en el libro, acentuado por los amores de juventud que hacen que todos los sentimientos afloren y estén a ras de piel.

Porque “Un mal nombre” es una novela plagada de sentimientos cosa que la hace humana. De hecho y sin exagerar puedo decir que es la más humana y cercana de cuantas novelas me he leído en los últimos años, algo que creo que justifica absolutamente el completo éxito que ha tenido esta saga. No es difícil que alguien al leer estos libros, tanto el primero como este segundo, se sienta identificado y se vea reflejado en alguno de los personajes que la plagan; y no solo eso, sino que vea muchas acciones y sentimientos que haya hecho alguna vez en su vida. Porque a pesar de que está ambientada en los años sesenta y Nápoles, esta novela es tan contemporánea como la vida misma, porque en el fondo no va de otra cosa.

La vida a tumba abierta es lo que narra Elena Ferrante en su saga y en “Un mal nombre” la crudeza se hace más palpable. Los sentimientos se intensifican y se hacen duros, las palabras se afilan para intentar hacer daño, las envidias generan odios y frustraciones, los personajes empiezan a actuar por impulsos que no siempre llevan a buenos resultados. Pero siempre hay espacio para la esperanza. Lila y Lenù son dos chicas fuertes, determinadas, valientes y toman sus propias decisiones en un mundo machista del que intentan huir. Su amistad en este segundo volumen acaba un poco dañada, pero en el fondo ambas jóvenes se quieren sinceramente, con todo el corazón, creando una amistad verdadera que yo como lector envidio.

El año pasado cuando empecé con el primer libro de la saga no pensé que me fuera a enganchar tanto. Tras leer “Un mal nombre” confirmo las sensaciones que ya me dio el primer libro y me reafirmo en la voluntad de leer los dos restantes; eso sí, dando tiempo al tiempo, dejando reposar esta bellísima y compleja historia de amistad y sobre la vida, no ya por no saturarme sino para no acabar tan pronto de disfrutar de la narrativa y el estilo de Elena Ferrante ni para despedirme tan rápidamente de Lila y Lenù.

Caronte.

jueves, 21 de marzo de 2019

Lectura crítica: "En Paciente inglés"


Llevaba años detrás de esta novela de la que siempre había leído buenas críticas (no tanto de la película que siempre me ha referido como aburrida y pesada, extremos que aún debo confirmar ya que no la he visto). Sin embargo, no terminaba por decidirme a comprarla y leerla. Esto cambió hace unas semanas cuando di con una edición especial en inglés de la editorial Bloomsbury con una portada muy atractiva que me terminó por convencer para comprarlo en una librería de Madrid especializada en literatura en otros idiomas (aunque la mayoría de las veces salga más a cuenta comprar por Amazon). No solo la portada influyó, ya que, desde hace unos meses, exactamente desde que concedieron a esta novela el Golden Man Booker a la mejor novela de los últimos 50 años en Reino Unido, las ganas por leer esta obra crecieron exponencialmente. Vamos que ha sido un compendio de factores los que han hecho que, por fin, después de bastante tiempo, haya leído esta gran novela de bellísima escritura.

El paciente inglés” es probablemente la novela más famosa, y la más aclamada y premiada, de Michael Ondaatje. En ella, con un estilo lleno de imágenes sensoriales que atacan directamente a los cinco sentidos del lector, se narra una historia de guerra, amor, pasiones y locura. Cuatro son los personajes principales: el paciente inglés, cuya identidad durante toda la novela es un misterio; Hana, la enfermera canadiense que cura al paciente inglés en una villa semi en ruinas de Italia; Caravaggio, un militar canadiense cuya vida anterior a la guerra se desarrolló como ladrón; y Kip, un zapador hindú de aproximadamente la edad de Hana que no sabe muy bien cuál puede ser su lugar en el mundo y que por tanto está perdido en su existencia.

La trama de la novela gira en torno al personaje que le da título: un misterioso paciente que se dice inglés pero que nadie sabe muy bien quién es ya que está totalmente quemado debido a un accidente en mitad del desierto. “El paciente inglés” cuenta fragmentariamente la historia de este desconocido personaje al mismo tiempo que se entremezcla con los otros tres: Hana, Caravaggio y Kip. Sus historias personales, su pasado, su presente y sus dudas ante un futuro en el que la guerra sólo será un mal sueño y un recuerdo a guardar en lo más profundo de su memoria, se van cruzando a retazos, saltando de uno a otro por capítulos, y mezclándose a su vez con la historia de amor pasada y abrasiva del paciente inglés con Katherine Cliffton.

Ondaatje creó en su día una novela de estructura compleja con dos hilos argumentales diferentes; dos tiempos narrativos unidos únicamente por la presencia difusa y abrasada del paciente inglés, cuyas notas en un libro, sus conversaciones con Hana y lo que Caravaggio, que siempre duda de su verdadera identidad, le sonsaca medio drogándole con morfina. “El paciente inglés” no es de lectura sencilla por eso mismo, por la cantidad de saltos al pasado que hay, y por la cantidad de veces que se cambia de punto de vista en la historia. Y, sin embargo, gracias a esta complejidad, a esta obligación a que el lector esté muy pendiente y atento a la lectura y la trama, esta novela me ha parecido soberbia.

Lejos de clasificar “El paciente inglés” como una novela de espionaje, amor o bélica, creo que sería mejor decir que es una novela brillante y demoledora ante la que cualquier lector debería rendir honores ya que tiene todo lo que se puede pedir a un buen libro: y es que con esta novela uno es capaz de viajar lejos, muy lejos, y dejar, durante el tiempo que se esté enfrascado en su lectura, de ser un jubilado, estudiante, ama de casa o ingeniero, para ser un observador preciso de unas historias que llegan al fondo del corazón y conmueven todos los sentidos manteniéndolos alerta.

Hay ocasiones, y “El paciente inglés” es una de esas, en las que en una novela es tanto o más importante el continente que el contenido. En este caso el continente, es decir, el cómo está narrada esta novela y su estilo hacen que el lector no pueda separarse de sus páginas porque se siente atrapado por la belleza de las frases y las imágenes que evoca. Cada vez que se evocaba la noche, o una tormenta, o simplemente el piar de los pájaros o el discurrir del agua por una fuente de la Villa San Girolamo en ruinas después de la IIGM quería estar ahí. Mis sentidos se agudizaban para oír, tocar, oler, saborear y ver todo lo que los personajes sentían a través de todos sus sentidos.

No exagero si digo que “El paciente inglés” ha sido una de las novelas que más me han hecho sentir, no sólo emocionalmente, sino sobre todo a nivel sensorial. Por esta razón digo que la trama, aunque perfectamente hilvanada y cosida pese a su complejidad, puede incluso a veces pasar a segundo plano para dejar que sean los sentidos del lector quienes avancen en la trama. Además, Ondaajte logra introducir muchos elementos metafísicos en la novela haciendo que muchas de las cosas que se dicen y de los sentimientos que se expresan ni se digan ni se expresen de manera directa sino a través de metáforas e ideales.

No me arrepiento para nada de haber tardado tanto tiempo en haber leído “El paciente inglés” ya que una vez hecho creo que no hubiera sido capaz de leer esta novela antes: no hubiera estado preparado. Por eso soy prudente a la hora de recomendar este libro, ya que no todo el mundo puede acercarse a él y disfrutarlo como se merece. Hay que querer leerlo, y sobre todo hay que querer dejarse llevar por un estilo y una estructura complejas, pero al mismo tiempo perfectos que hacen de la lectura de esta novela un verdadero placer para todos los sentidos.

Caronte.

jueves, 14 de marzo de 2019

Lectura crítica: "La delicadeza"


Llevaba mucho tiempo sin leer nada en francés y ya tenía mono de ello. Por eso decidí volver a la lengua de Molière para que no se me oxide demasiado. Empecé a buscar autores nuevos franceses ya que también me apetece ir poco a poco expandiendo mis horizontes literarios por todo el mundo y no quedarme siempre centrado en los autores que ya sé que me gustan y con los que me siento cómodo. Rebuscando en Internet y en diferentes páginas de libros di con varios escritores interesantes y varias obras muy apetecibles. Al final me decidí por David Foenkinos, un autor al que llevo siguiendo la pista ya un tiempo, pero que por unas cosas o por otras al final siempre terminaba relegando y posponiendo su lectura. Una vez leída esta novela puedo decir que es muy probable que vuelva a leer alguna otra obra de este autor, ya que he quedado totalmente satisfecho con este libro, que ha superado con creces cualquier expectativa previa que tenía.

La Delicadeza” es una novela de amor y dolor, mismas caras de una misma moneda. No se ama sin que duela y el amor solo duele si es verdadero y nos toca profundo. De esto va esta novela: de cómo el amor llega a lo más profundo de nuestros corazones y nos destroza un poco hasta que somos incapaces de comprendernos sin amar a nadie. Pero es una historia de amor que empieza con amargura con una muerte. Muerte que puede parecer el fin de todo, el fin de amor que hemos considerado definitivo y eterno, pero que si nos dejamos llevar puede significar el renacer de un nuevo sentimiento.

La novela gira en torno a Nathalie, una mujer hermosa e inteligente, cualidades que están a la par y que hacen de ella la diana de miradas y envidias en su vida corriente. Nathalie se enamora furtivamente de François de manera casual, se casan, viven una locura de amor, un amor perfecto, sin fisuras, ideal, romántico, constante, eterno. Hasta que una mañana François es atropellado, cae en coma y muerte. Ahí toda la vida de Nathalie se derrumba, desaparece. Esto por sí mismo podría ser perfectamente la novela en sí misma, pero no. “La Delicadeza” va más allá y la vida de Nathalie continúa cuando queda viuda y vuelve a ser objeto de deseo por parte de dos hombres: Charles y Markus; cada cual de una manera de ser diferente y radicalmente opuesta. Charles es el jefe de Nathalie y por tanto una persona creída y con poder, que se cree atractivo per se; Markus es subordinado de Nathalie y una persona insegura y tímida. Ambos se enamoran de Nathalie pero de maneras muy diferentes. Solo uno termina volviendo a dar vida al destrozado corazón de Nathalie.

A diferencia de otras novelas de amor en la que todo es rosita y está edulcorada hasta la más mínima frase, “La Delicadeza” no. En esta novela me he encontrado una historia de amor normal y corriente, en la que los sentimientos no tienen ningún retoque y en la que los personajes tienen las mismas complejidades que cualquiera de nosotros. Además Foenkinos logra atrapar al lector haciendo de la lectura algo ameno. Aquí hay amor de muchas vertientes: el idílico de Nathalie con François; el pasional e impulsivo que siente Charles por Nathalie; y el que surge poco a poco, no de la atracción física, sino de la atracción entre dos personas que delicadamente se van conociendo, que es el que finalmente viven Nathalie y Markus.

David Foenkinos consigue con “La Delicadeza” algo muy complicado en una novela de amor: plasmarlo con naturaleza y sin sobreactuarlo cayendo en tópicos y estereotipos. Como he dicho no hay nada que empalague en esta novela y por eso no se hace nada pesada. Bueno por eso y porque el autor la estructura en capítulos cortitos intercalados con otros en los que se dan detalles off the record sobre cosas que se hablan en la historia y que hacen que el lector desconecte un poco sin alejarse del todo de la trama. Así aparecen los resultados de la liga francesa de fútbol de la noche de la primera cita de Nathalie con Markus, o los nombre de los discos que John Lennon podría haber sacado si no hubiera sido asesinado, o recetas de cocina, o la explicación del origen de la moqueta… Cosas que no tienen sentido pero que a fin de cuentas también hacen nuestro día a día individual.

La Delicadeza” no es una simple novela de amor, sino que va más allá y se convierte en una novela sobre la vida, sobre cómo saber sobreponerse a lo que pensábamos, a cómo a veces una huida hacia delante y el dejarse llevar son las soluciones que debemos tomar para cambiarlo todo. Cualquier persona en mayor o menor medida se puede sentir identificada con esta historia, ya que los personajes que la pueblan son personas normales y corrientes, llenas de contradicciones, miedos, debilidades, pasiones y envidias. Por eso creo que este libro puede conectar con muchos tipos de lectores, todos muy diversos entre sí.

Me siento feliz por haberme atrevido a descubrir un nuevo escritor y por haberlo hecho en su idioma original. Es un lujo poder leer en varios idiomas para no perder matices con las traducciones. Aunque tengo la impresión de que “La Delicadeza”, por cómo está escrito, no pierde ni un ápice al ser traducido al español. Creo que la lectura de esta novela es amena y puede gustar a mucho tipo de personas; como digo no es una novela de amor al uso. Yo tengo claro que volveré a leer algo de Foenkinos en el futuro (espero no tardar mucho en volver al francés) y recomiendo que cualquiera que busque algo diferente se anime con este libro.

Caronte.

martes, 5 de marzo de 2019

Lectura crítica: "A legacy of spies"


Londres 2017. Finales de noviembre. Un día probablemente gris y frío pero sin lluvia. Una librería en Bloomsbury. Una pila de libros cuya portada atrae la atención por lo misteriosa que es pese a su simpleza. Un nombre resalta por encima de cualquier otra cosa en la sobre cubierta del libro. John le Carré, el gran maestro de la novela de espionaje; para mí el mejor escritor inglés vivo y quizá, pese a pecar de ampuloso, uno de los mejores de la historia. Ya he dicho anteriormente que para mí no hay nada mejor que una novela de le Carré, cuando sea, como sea y donde sea. Mis dos últimos viajes a Londres han coincidido con nuevo libro de le Carré y en ambas ocasiones lo he comprado en la Waterstones de Gower Street. Y si todo va bien y nada tuerce el año, quizá este otoñó vuelva a la capital inglesa de visita y a comprar de nuevo libros, entre ellos la nueva novela que el escritor de Cornualles tiene pensado publicar y que ya estoy deseando leer.

En “A legacy of spies” John le Carré vuelve a sus orígenes y a los lugares y personajes con los que más cómodo se encuentra. De hecho la novela es, por así decir, una segunda parte de aquélla por la que saltó a la fama hace más de 50 años: “The spy who came in from the cold”. Sin haber leído esta novela de Le Carré el lector que quiera leer la novela de la que hablo hoy encontrará bastantes dificultades para seguir la historia y para ubicar personajes y acción pasada. Porque esta novela es una novela en la que el pasado juega un papel muy importante.

A legacy of spies” comienza con Peter Gulliam, todos los que leemos a le Carré sabemos quién es este personaje, otrora mano derecha de Smiley, en su granja francesa recordando viejos tiempos con cierto aire melancólico y con cierta soledad. Sin embargo, esa apacible tranquilidad se ve truncada por la llegada de una carta convocándole a Londres para tratar algunos asuntos concernientes a su pasado. Desde ese momento entra en escena todo lo acontecido en “The spy who came in from the cold”: personajes, lugares, nombre en clave, recuerdos, muertes, mujeres, sentimientos…

Dejando a un lado la trama de espionaje clásica que John le Carré vuelve a plantear en esta novela, creo que es mucho más importante señalar que “A legacy of spies” es una novela sobre la redefinición de nuestro pasado como sociedad, o cómo las nuevas generaciones se creen poseídas de cierto poder y supremacía moral para juzgar y rescribir el pasado de otras generaciones que tuvieron que tomar algunas decisiones y hacer algunas cosas que quizá, con lentes actuales estarían mal vistas. El que el MI6 cuestione e intente levantar la alfombra sobre una operación pasada en el Berlín ocupado y dividido de los años 50-60 arrojando mierda sobre Peter Guilliam hace que este recuerde absolutamente todo, y cuente lo que pueda y calle lo que quiere.

El narrador de “A legacy of spies” es Peter Guilliam, viejo conocido de los lectores de le Carré por haber aparecido como mano derecha del otro de los grandes protagonistas de esta novela, y quizá también de la obra de le Carré: George Smiley. Y a través de los recuerdos de Gulliam el lector va recordando paso a paso, y desde otra perspectiva todo lo que pasó y leyó en “The spy who came in from the cold”. Nombre y lugares comunes a varias novelas de le Carré se dan cita en las páginas de esta última novela del más grande escritor de espionaje. El Circus, Sarrat, Berlín… Mundt, Lizi Gold, Haydon, Prideaux, Mendel, Leamas…

La tensión durante toda la novela es palpable. La dura resistencia mental que Guilliam debe hacer para evitar traicionar a nadie empezando por sí mismo es brutal y eso el lector lo nota. “A legacy of spies”, luego el hilo argumental se va enrevesando, vuelve al presente todo el pasado, y no siempre de manera directa, sino a través de documentos, informes y transcripciones que van dando datos sobre lo ocurrido y por lo que los actuales espías intentan dilucidar el pasado juzgando a sus protagonistas. Es típico de le Carré mostrar una cara de la historia, hacer pensar al lector que los tiros van por un lado para luego cambiar de tercio de manera radical para que lo que parecía una cosa sea realmente otra muy distinta.

Que nadie considere que “A legacy of spies” es una novela sencilla de leer porque no lo es. Como en las mejores novelas de le Carré hay confusión, muchos nombres, verdadero y en clave, alias y pseudónimos que hacen de la lectura todo un reto mental para el lector. Pero eso es lo que me pone de las novelas de John le Carré, que no son simples súper ventas, o thrillers de verano, ligeros y amenos en los que uno se puede perder en la lectura que nada ocurrirá. Las novelas de le Carré son obras literarias de primer nivel, en las que el plano psicológico y la reflexión política y social tienen tanto peso o más como la propia historia de espionaje.

Puedo recomendar y recomiendo encarecidamente la lectura de “A legacy of spies”, en primer lugar a todos los amantes de John le Carré y sus libros, especialmente los que echamos siempre en falta a George Smiley; y en segundo lugar a todo el mundo, eso sí, habiendo leído antes “The spy who came in from the cold” ya que sin su lectura esta última novela de le Carré puede resultar muy muy pesada debido a que mama y se alimenta de todo lo que en esa novela, de ya más de cincuenta años, se cuenta. ¡Larga vida a John le Carré! ¡Viva el maestro!

Caronte.

viernes, 1 de marzo de 2019

Lectura crítica: “Réquiem por un campesino español”


Vuelvo a la Guerra Civil, tema por excelencia de la literatura española del s XX. Y lo hago leyendo por primera vez a uno de los grandes referentes de las letras españolas del exilio, Ramón J. Sender. Llevaba tiempo queriendo leer algo de Sender y por casualidad el fin de semana pasado visitando la Cuesta Moyano, paraíso bibliófilo para los libroadictos como yo, di con un ejemplar de la que quizá es su obra más famosa, comentada y estudiada. En su momento el diario El Mundo incluyó esta brevísima novela en su lista de las mejores del siglo XX en español; inclusión para mí totalmente merecida porque tras su lectura he terminado extasiado por la intensidad que, en apenas una hora de lectura, Sender fue capaz de generar haciendo que cualquier lector quede tocado emocionalmente con la historia. Además tuve la suerte de dar con un ejemplar de esta novela editado con una extensa introducción, muy académica, en la que se explican algunos matices de la obra en los que no se repararía si no fuera por ella.

Réquiem por un campesino español” es una novela muy breve, apenas 70 páginas, que se lee en un abrir y cerrar de ojos. En su origen apareció con el título “Mosén Millán” ya que es la voz de este cura la que narra toda la historia a través del presente, preparando la misa de réquiem de Paco “el del Molino”, quien es a su vez el verdadero protagonista del drama que se narra en esta obra. Mientras está en la sacristía preparando la misa Mosén Millán recuerda la vida de Paco y cómo éste muere a manos de la sinrazón y el odio que la guerra generó debido al analfabetismo y la ignorancia.

Siempre he dicho que la Guerra Civil fue consecuencia de la injusticia, de la rabia contenida, del poder que unos pocos ejercían sobre la mayoría creyéndose amparados por un poder superior que le ungía para ello. Y todo amparado por la Santa Madre Iglesia, cuyos prelados y curas, rurales sobre todo, mantenían al pueblo llano callado ante esas injusticias, impidiendo al mismo tiempo que la educación y la cultura calaran en esos estratos sociales. “Réquiem por un campesino español” muestra exactamente eso, cómo la guerra y la barbarie, alimentadas por la incultura prendió la mecha en la España rural, que por aquel entonces era la mayoría.

La novela gira en torno a Paco “el del Molino” a quien conocemos desde que nace por boca de Mosén Millán quien es el narrador de “Réquiem por un campesino español”. Paco es hijo de una familia humilde, de un pueblo de Aragón, cuya existencia está siempre muy unida al cura quien le coge un cariño especial y le trata casi como un hijo. Sin embargo, los tiempo en los que Paco tiene que vivir le van conformando como una persona luchadora, capaz de ver las injusticias que los “señores” del pueblo y el “duque” comenten contra el resto de los humildes campesinos, agricultores, ganaderos y arrendatarios. Esas injusticias, justificadas y minoradas por Mosén Millán van poco a poco separando a ambos hasta que la desgracia se cierne sobre España, y en este caso sobre este pequeño entorno rural en el que se desarrolla la novela.

Ramón J. Sender ha creado en “Réquiem por un campesino español” una fábula simbólica sobre lo que fue la Guerra Civil en la que un hombre intenta expiar sus pecados, Mosén Millán, después de haber “condenado” a Paco “el del Molino” y que su sangre cubra sus manos; mientras los tres “señores” del pueblo son los únicos en atender a la Misa de Réquiem intentando pagarla. Injusticia, ruindad, piedad, miedo, odio, rabia… Esta es una novela de sensaciones intensas, aumentadas por la brevedad y el ritmo que Sénder le imprimió a la obra.

Las apenas 70 páginas de “Réquiem por un campesino español”, narradas con una sencilles abrumadora y un realismo sobrenatural, hacen de esta novela una obra de fácil y sencilla lectura. Sin embargo, su digestión es más complicada, al menor para un lector que tenga conciencia y empatía. La intensidad de la novela va in crescendo hasta que llega a un clímax y el lector debe pararse a sopesar qué es lo que acaba de leer y sentir pena, rabia, desazón, todo aderezado por una tristeza horrible por ver de manera tan realista, con imágenes de pueblo que todos hemos oído de boca de nuestros abuelos, cómo se mataba y se moría por unos ideales falsos en ambos bandos cocinados a fuego lento por poderes fácticos que en ningún momento sufrieron la guerra. Porque la guerra la sufrieron sobre todo gente con conciencia y remordimientos.

Es difícil siempre recomendar una novela sobre la Guerra Civil, sobre esas dos Españas que nunca han terminado de ser una, pero “Réquiem por un campesino español” es una novela diferente. Probablemente no cuadre aquí decir que esta novela es tierna, pero en cierto sentido lo es. Aquí más que rabia y odio hay pena y culpa. Por eso recomiendo esta novela, porque no es una simple novela sobre la guerra sino sobre seres humanos que tuvieron que lidiar con muchos sentimientos, encontrados la mayoría de las veces, y tomar decisiones que en ocasiones, queriéndolo o no, eran erróneas simplemente por cubrir su conciencia o salvarse a sí mismos.

Caronte.