sábado, 23 de mayo de 2015

Lectura crítica: "El Jarama"

La novela de la que voy a hablar hoy es un clásico de la literatura española del siglo XX, más bien de su segunda mitad. Supuso todo un hito estilístico en la narrativa española al cambiar radicalmente la manera de contar las cosas y como estructurar una novela. Desde su publicación esta obra de Rafael Sánchez Ferlosio se estudia en los colegios e institutos y todo alumno que se precie debe conocerla para al menos poder aprobar la asignatura de Lengua y Literatura. Yo la estudié en el colegio y el instituto y siempre que escuchaba su nombre o el de su autor recordaba que en su día tuve que memorizar ambos nombres para los exámenes. Nunca había dejado de estar en mi punto de mira esta novela pero tampoco nunca encontraba hueco para ella, como me suele ocurrir con esas novelas que están consideradas obras maestras o clásicos de una época. Pero como todo tiene su tiempo al final, y al calor del cambio de editorial de su autor y la reedición en edición de bolsillo de sus principales obras, me decidí a leer “El Jarama”. Me haya gustado o no, que ahora lo diré, ésta ya se ha convertido, y siempre quedará como tal, en la última novela que me he leído en mi época universitaria.

La trama de “El Jarama” es sencilla, porque de hecho no pasa nada. No pasa nada y al mismo tiempo pasa todo. Para poneros en situación en la novela se narra un único día desde el amanecer hasta ya bien entrada la noche, madrugada ya. Es agosto, un día de calor insoportable. Todo ocurre a orillas del río Jarana en San Fernando, en una zona donde hay una pequeña presa, más bien un azud, donde acuden familias, parejas y grupos de amigos a pasar el día dándose un baño o comiendo en alguno de los merenderos que hay, o incluso en la propia pradera cercana al río. Ferlosio nos presenta la narración de un día de asueto, y para ello utiliza a dos generaciones bien diferenciadas: un grupo de amigos jóvenes, de algo más de veinte años, que van a pasar el día de domingo al río y a disfrutar de no hacer nada; y otro grupo de amigos, más bien parroquianos, que también van a echar horas y horas a un chiringuito cercano al río. En ambos escenarios, que se van entrelazando a lo largo del libro, es donde la aparentemente inexistente acción y trama de la novela se desarrolla.

Como ya he dicho en “El Jarama” no pasa nada y pasa absolutamente de todo. En las aparentemente anodinas conversaciones entre el grupo de jóvenes amigos, entre los parroquianos del chiringuito, entre los domingueros que van a pasar el día al río, es donde se tiene la constancia de que toda la vida, tal y como es de verdad se desarrolla. Las preocupaciones personales de cada uno de los personajes que van apareciendo a lo largo de la novela se van mezclando con comentarios del resto de personajes hasta conformar diálogos tan reconocibles por el lector como lo serían si se colocara una cámara o grabadora oculta en una cena entre amigos a día de hoy. Quizá no ocurra nada en la novela: no hay ningún asesinato que resolver, o algún crimen macabro que envuelva en misterio a un pequeño pueblo, tampoco hay una historia de amor imposible que se vaya desgranando a lo largo de las páginas del libro, ni tan siquiera aventuras inverosímiles de personajes llenos de valor y coraje. En esta novel simplemente hay vida. Es una narración sobre la vida común y vulgar de todos nosotros.

Sin embargo en esta novela sí que pasan cosas. El lector se dará cuenta desde el principio cómo jóvenes y mayores comparten inquietudes, ideas y visiones de algunos factores de la vida; pero al mismo tiempo en las conversaciones y actos que se van dando en la novela en ambos grupos de personas nos iremos dando cuenta como la edad es uno de los factores determinantes en la concepción de la vida. En “El Jarama” hay espacio para todo: el amor, el coqueteo, la ironía, las verdades como puños, las disputas, las riñas absurdas entre amigos hechas para llamar la atención, envidias, pequeños dramas personales, reprimendas de madres a sus hijos pequeños, desesperaciones, quejas ocultas, reproches directos, silencios atronadores. En resumen todo.

La novela fue escrita hace ya más de sesenta años, pero cualquiera diría que lo que ocurre en sus páginas, el día que se narra en ellas, no haya ocurrido hace uno o dos años, o esté por ocurrir todavía. Esa es el mayor interés que para mí tiene “El Jarama”, como Sánchez Ferlosio fue capaz en 1954 de plasmar la cotidianeidad, lo común, lo que pasa todos los días en las vidas de miles de personas. En muchas de las conversaciones que se dan en la novela, en muchas de las acciones que ocurren, en los gestos, actos y muecas que se describen cualquier lector puede verse reflejado. Todos hemos vivido en algún momento de nuestra vida alguna de la multitud de circunstancias que ocurren en esta historia. Por esto esta novela es tan grande, tan excepcional, tan extraordinaria. No ocurre nada, es cierto, pero al mismo tempo ocurre todo. Toda la vida está condensada en las páginas de esta novela.

Otro elemento muy destacable de “El Jarama” es el estilo que emplea Sánchez Ferlosio para narrar. Concreto y conciso, sin florituras, sin palabras de más, así está escrito todo el libro. Por dar un dato más claro, puedo decir que un ochenta por ciento son diálogos y conversaciones, y el resto son descripciones someras de lugares, acciones, y tiempos. Es curioso, pero al acabar el libro me di cuenta de que en toda la novela, de los muchos personajes que salen, más de veinte seguramente, de ninguno se de ninguna descripción física más allá de alguna referida a su indumentaria o algún detalle que sea imprescindible para situar a algún personaje y distinguirlo de los demás. Pero que no haya descripción física de los personajes no implica que el lector se quede huérfano de caras y matices, todos los personajes quedan perfectamente definidos, y el lector se los puede imaginar a la perfección sólo a través de su manera de hablar. Y esto es algo que no pasa en muchos libros, vamos probablemente no pase en ninguno. Podrá gustar o no el estilo de Ferlosio pero es indiscutible que le libro es ágil y fácil de leer, y en él se retrata de manera espectacular la manera de hablar de las distintas generaciones, así como su manera de pensar y el lenguaje típico de la sociedad de la época.

Quiero señalar también como elemento fundamental en “El Jarama” el tiempo. Puede que en toda la novela no haya una trama real que se vaya desarrollando y termine por resolverse, pero lo que sí hay es una constatación permanente y clara del paso del tiempo. Toda la novela gira en torno al presente, apenas hay referencias a situaciones pasadas de los personajes, ni tampoco al futuro. Todo discurre en un domingo caluroso de agosto. El resto no existe. Pero sí que existe. El tiempo, el futuro y el pasado están presentes siempre en la novela; y están presentes porque Sánchez Ferlosio lo deja claro incluyendo minuciosas aclaraciones sobre el momento del día en el que se desarrolla una u otra conversación o acción. Y es que en el fondo este libro no es más que una gran reflexión sobre el tiempo y la vida, vistos ambos elementos desde muchos y muy diversos puntos de vista. Podría decir más añadiendo que “El Jarama” es una gran oda a la vida.

Al principio dije que aparentemente a lo largo de las páginas de “El Jarama” no pasaba absolutamente nada. Bueno, pues en cierto modo mentía. Sí que pasa algo en la novela que la cambia radicalmente a la altura del último tercio del libro. En ese punto el tono y la luz de la novela sufren un drástico vaivén y nada vuelve a ser como antes. Yo mismo cuando llegué a ese punto quedé en una especie de shock. Es un simple aviso, que puede servir incluso de aliciente para todas aquellas personas que esté dudosas a la hora de atreverse a leer la novela. Si se me preguntara no tendría dudas en afirmar que esta novela es probablemente la que más me ha sorprendido para bien en el último año, y que ha entrado de lleno en ese club selecto de mis novelas favoritas. No esperaba que me gustara tanto, pero tras haberla leído he quedado cautivado, tanto por el tan personalísimo y directo estilo de Sánchez Ferlosio, como por la propia historia que se narra en las páginas de este libro que aunque parezca pobre y anodina es intensa y llena de matices.

Caronte.

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