miércoles, 1 de mayo de 2019

Lectura crítica: "Vuelo 19"


Las primeras novelas de un escritor tienen algo de mágico siempre; en ellas un autor deja parte de su propia alma y de su ser. Sé qué es escribir y sé cuánto cuesta hacer una obra de más de 500 páginas. Todo es una inmensa montaña, sobre todo el inicio, empezar con la frase correcta es un océano inexplorado donde sin embargo una vez metido de lleno es el escritor el que sabe por dónde tiene que ir. La historia va narrándose poco a poco, llegando a momentos de bloqueo, otros de inspiración, otros de no poder parar y tener que casi uno obligarse a hacerlo para ir al baño a mear. Por eso esta novela, la primera del más que conocido periodista de radio Ponseti, tiene algo que muchas otras no suelen tener: intimidad. Toda novela es parte integrante de la personalidad de un escritor, pero la primera es algo que está por encima de todo eso haciendo que el vínculo novela-escritor quede fijado para siempre.

Vuelo 19” es una primera novela muy ambiciosa que lleva detrás un trabajo ingente de documentación e investigación que la hacen, en cierto modo, un tanto pesada de leer por la cantidad de datos técnicos sobre aviación que se nombrar a lo largo de sus páginas. En el fondo la novela está totalmente basada en hecho acaecido a finales de 1945, mismo año que acabó la IIGM y que supuso la mayor tragedia militar americana desde el final de la contienda y en tiempos de paz. Por esto digo que esta primera novela de Ponseti es ambiciosa, ya que no solo ficciona sino que tiene que basarse en hechos reales para contar esta historia.

Pero además de ambiciosa “Vuelo 19” es una novela arriesgada por su estructura y narración. Ponseti plantea desde el principio varios hilos tanto en personajes como localizaciones y tiempos. La historia se desarrolla en dos momentos diferentes, el 5 de diciembre de 1945 cuando desaparece el vuelo protagonista de la novela; y posteriormente tres semanas después, a partir del 26 de diciembre cuando el único superviviente de dicho vuelo huye de florida para iniciar una nueva vida.

Si tuviera que indicar un protagonista de “Vuelo 19”, novela que por otra parte no tiene claros protagonistas, sería Paonessa, un joven piloto de ascendencia italiana que luchó en la IIGM librándola sin ser herido ni nada, pero que el destino le lleva a subirse al vuelo de instrucción 19 y terminar sobre los Everglades estrellado, dolorido y casi desahuciado de la vida. Sin embargo, no puedo quedarme únicamente con este personaje como protagonista, ya que la novela es coral, y hay multitud de actores que intervienen en ella. Muchos nombres, recopilados al final del libro para ayuda del lector, que en multitud de ocasiones es probable que se pierda entre tanto nombre, vuelo, avión, ubicación, etc.

La gran multitud de personajes, datos técnicos, palabras clave de vuelo, hilos narrativos y saltos temporales hacen de “Vuelo 19” una novela muy tediosa de leer, que cansa por la gran cantidad cambios que se producen en ella. El estilo tampoco es que sea una maravilla, como corresponde a una primera novela de alguien que hasta la fecha no ha hecho más que periodismo radiofónico. Estudiar una carrera de letras no te hace escritor ni te otorga la capacidad de narrar de manera convincente. La ambición a la hora de abordar una novela se puede tener una vez has entrado en este mundo con buen pie y llevas a la espalda unas cuantas cosas escritas humildes. No lo critico, porque quizá el ansia de contar de Ponseti ha hecho posible este libro, pero como novela deja mucho que desear.

Ambición y riesgo están muy bien en el fútbol, mundo del que viene Ponseti, pero para una novela como “Vuelo 19” que aspira a ser una gran historia sobre un episodio oscuro, tenebroso, no resuelto y misterioso de la historia de la aviación mundial no son cualidades que deberían primar a la hora de crear y conformar la historia. Creo que el plantear tantos hilos narrativos en la trama ha hecho que a la hora de ver el tapiz completo desde lejos y con perspectiva el lector se encuentre un poco perdido siguiendo hilos que no llevan a ninguna conclusión. El usar tiempos distintos, pero apenas distanciados los hechos tres semanas, hacen que sea absurdo tirar de dichos flashbacks que no aportan absolutamente nada. El aporte de datos técnicos, de claves de aviación y demás palabrería especifica en lugar de dar verosimilitud hace que la lectura se haga pesada y confusa.

La parte más reseñable de “Vuelo 19” es aquella en la que con un nervio narrativo muy intenso y un ritmo bastante endiablado a veces se narra la catástrofe del vuelo 19 real, sus problemas en el aire, su desesperada búsqueda e intento de solicitar ayuda, y su defenestración total. Bien podría en algún momento usarse esta parte y adaptarla a la gran pantalla, porque por momento parece que es un guion de cine y el lector bien puede imaginarse escenas rodadas por Spielberg o Coppola en mitad de una tormenta en la que se no ve nada y las comunicaciones cruzadas avivan la tensión de una situación abocada a un fin trágico.

Pero esto no salva al conjunto. “Vuelo 19” es una novela muy floja, que se ha pasado de ambición y al final una historia que tiene un fondo muy interesante se convierte en una sucesión de escenas medianamente interconectadas entre sí y vagamente repetitivas en las que se tira muchas veces de tópicos haciendo su lectura un tanto aburrida. Como primera novela es reseñable haber logrado algo de coherencia en lo narrado, ritmo en la parte más complicada y sobre todo verosimilitud, a pesar de tirar de tópicos y usar demasiada palabrería y repeticiones innecesarias para llenar más hojas. Es probable que sea buena novela de verano, pero porque en verano, en las tediosas horas de la siesta uno lee lo que sea.

Caronte.

viernes, 26 de abril de 2019

Lectura crítica: "City"


Siempre tengo los mismos problemas a la hora de elegir libro cuando voy a mi librería de segunda mano de referencia. Me termino bloqueando y mi cerebro pocas veces es arriesgado. Sin embargo, la última vez que estuve en esta librería terminé por decidirme por un libro cuya sinopsis está escrita por el propio autor; autor que ya había leído en dos ocasiones anteriores tras las que acabé encantado e ilusionado con la propia literatura y la capacidad de crear mundos mágicos, únicos y maravillosos. Nunca hay que dar por asegurado lo que una vez fue porque a veces las decepciones vienen por ese camino. Es increíble como Alessandro Baricco, un escritor italiano que descubrí con una fábula preciosa, “Seda”, puede concebir historias tan dispares y diametralmente opuestas, y cómo su estilo puede variar tanto de un libro a otro. La literatura es así: unas veces se tiene la suficiente inspiración para crear una obra única, y otras esta inspiración falla por muchas ganas que se tengan y se crea una obra sin alma.

City” es una novela larga que durante la mayor parte de la misma se me ha hecho muy pesada y aburrida. Empecé con ganas su lectura tras leer la propia definición que Alessandro Baricco hace del libro, que me atrajo ya que la pintaba como una historia mágica de nuevo en la que la realidad quedaba desdibujada en un mundo imaginario desbordante. Por desgracia la realidad de la novela es muy diferente y tras su lectura no puedo más que decir que he quedado más que decepcionado, desilusionado.

La trama está como dividida en tres secciones todas interconectadas: una historia de ficción narrada por una de las protagonistas; un relato de boxeo escuchado por radio (o elemento parecido); y la propia historia principal. Parece complejo, pero no lo es; “City” está bien estructurada en capítulos más o menos largos sin título en los que el estilo es muy diferente en cada una de las secciones. Para mí la única decente es la historia del oeste, ese western mágico que Baricco se invente y que sí que me ha recordado a sus otras novelas. Por lo demás: la de boxeo me ha aburrido soberanamente; y la principal, que va hilando todo, me parece insulsa, sin gracia, en definitiva: bastante aburrida.

Tengo la impresión que Baricco en “City” pretende imitar el estilo de Paul Auster. De hecho, en muchas ocasiones me resultaba bastante claro y evidente el intento de copia. El problema es que si se intenta copiar algo porque se admira hay que al menos hacerlo bien, con fundamento, y en esta ocasión Baricco no lo consigue. Esta novela parece una copia barata de cualquier novela moderna de Auster, con un mundo que parece calcado de la realidad, pero con imágenes a veces futuristas, a veces de un pasado bastante lejano, otras anacrónicas y generalmente como si fuera un espejo: muestra lo que somos sin ser lo que somos.

No quiero ser malo con Alessandro Baricco cuando en dos novelas me ha demostrado ser un escritor excepcional, con una imaginación desbordante y un estilo de escritura que atrapa al lector llevándole a mundos imaginarios mágicos. Pero con “City” no encuentro ni esa imaginación ni ese estilo. De hecho, si en lugar de haber descubierto a este autor italiano con “Seda” y continuar con “Océano mar”, hubiera comenzado con este libro, lo más probable es que nunca más le hubiera leído. Suena un tanto radical, pero la verdad es que la novela es tediosa, aburrida y muy pesada. Solo mejora hacia el final.

Ni tan siquiera los personajes son salvables. De hecho, podríamos hablar de que solo hay dos personajes en “City”, un crio superdotado y una mujer. El crío además tiene dos amigos invisibles, uno de los cuales es mudo (puramente mundo Auster, pero mal imitado). La maraña de personajes secundarios que rodean a los principales también es muy del imaginario del escritor neoyorquino, pero sin su gracia habitual y su credibilidad. Son copias baratas, lo repito. Y no es por querer desmerecer a Baricco, pero para mí esta novela es un fraude total. De hecho, sería casi para pedirle al autor algún tipo de indemnización por la desilusión generada, la pérdida de tiempo y el aburrimiento causado.

Si tengo que recomendar algo relacionado con “City” es que para descubrir el mundo literario de Baricco es mejor empezar por cualquiera de sus novelas anteriores y que he mencionado en esta reseña, y ante todo no leer esta a no ser que se esté dispuesto a llevarse un gran chasco. Me da bastante apuro tener que escribir sobre un libro en estos términos, pero es que la decepción es real, ya que me esperaba disfrutar leyendo y sin embargo, lo que he conseguido es frustrarme convenciéndome de que tenía que terminar el libro para verlo en su conjunto y poder admirarlo. Nada más lejos de la realidad, me alegré sobremanera al acabarlo ya que implicaba no tener que volver a tener que abrirlo. No sé si volveré a internarme en la literatura de Alessandro Baricco.

Caronte.


viernes, 5 de abril de 2019

Lectura crítica: "Un mal nombre"


Hace unos meses me propuse leer una de las sagas de novelas que más había dado que hablar en los últimos años, tanto por la propia calidad literaria de los libros, como por el misterio que rodeaba a su autora: Elena Ferrante. Hoy continúo la saga con el segundo libro de la misma volviendo a viajar (metafóricamente) a Nápoles y a meterme en la vida de las dos jóvenes protagonistas de este segundo libro en el que se narra su adolescencia y los vitales cambios que en ella se producirán y que harán que sus vidas dejen de ser las que fueron y empiecen a ser las que serán. A pesar de haber llegado tarde a esta saga, ya tengo la impresión de que va a ser uno de los ejercicios lectores más importantes que voy a tener durante este año y quizá el siguiente; porque no quiero agotar esta saga de golpe; quiero disfrutarla poco a poco, libro a libro, dejando su tiempo entre partes para que la historia repose y deje huella.

Así como el primer volumen de la saga de las Dos Amigas se centraba en la infancia y pre adolescencia acabando con la boda de Lila teniendo tan solo 16 años con Stefano Carracci, “Un mal nombre” continúa desde ese preciso momento y narra toda la evolución de ese matrimonio, así como la vida de Lenú atrapada entre su familia, su barrio de Nápoles y su voluntad de volar lejos de allí y realmente empezar a ser Elena Greco, sin compararse con nadie y no teniendo a nadie por lastre o rémora.

Un mal nombre” retoma, obviamente, a todos los personajes de la novela predecesora de la que es total continuación. Esto es probablemente es mayor problema que tiene la lectura de esta novela, y por consiguiente de toda la saga, ya que hay infinidad de personajes y familias, todas con nombres parecidos (en el fondo todos los nombres italianos se parecen, sobre todo los más típicos); y no solo ya sus nombres sino sus diminutivos, y también las relaciones que se establecen entre ellos, etc. Menos mal que al principio del libro se glosan todos los personajes de la novela divididos por familias y profesiones (cuales gremios medievales) así como unas pequeñas notas de cómo quedaron cada uno en la novela anterior. Gracias a esto quien lea este segundo libro tiempo después del primero (mi propio caso) puede retomar todo con tranquilidad.

Cuando empecé con esta segundo novela tuve la misma impresión que con la primera: me costó un poco entrar en la dinámica de la narración y en el ritmo de la misma. Pero una vez que me acoplé al ritmo narrativo de la novela, “Un mal nombre” pasó a ser una delicia de lectura. Elena Ferrante crea una atmósfera en la que el lector pasa a ser un personaje más del barrio y a ir de la mano, de forma invisible, de Lenú, la narradora y en el fondo protagonista de esta preciosa historia de amistad perdurable y verdadera.

Si en el primer volumen de la saga Lila y Lenù ya mostraban caracteres muy diferentes, casi me atrevería a decir opuestos, en “Un mal nombre” esta diferencia se va haciendo cada vez mayor, distanciando a las dos amigas poco a poco. Una distancia quizá creada por la arrogancia y la envidia, mutua, que van haciendo que las dos amigas se quieran y necesiten al mismo tiempo que saben que deben separarse para no hacerse daño del todo. Y ese es el proceso que se sigue en el libro, acentuado por los amores de juventud que hacen que todos los sentimientos afloren y estén a ras de piel.

Porque “Un mal nombre” es una novela plagada de sentimientos cosa que la hace humana. De hecho y sin exagerar puedo decir que es la más humana y cercana de cuantas novelas me he leído en los últimos años, algo que creo que justifica absolutamente el completo éxito que ha tenido esta saga. No es difícil que alguien al leer estos libros, tanto el primero como este segundo, se sienta identificado y se vea reflejado en alguno de los personajes que la plagan; y no solo eso, sino que vea muchas acciones y sentimientos que haya hecho alguna vez en su vida. Porque a pesar de que está ambientada en los años sesenta y Nápoles, esta novela es tan contemporánea como la vida misma, porque en el fondo no va de otra cosa.

La vida a tumba abierta es lo que narra Elena Ferrante en su saga y en “Un mal nombre” la crudeza se hace más palpable. Los sentimientos se intensifican y se hacen duros, las palabras se afilan para intentar hacer daño, las envidias generan odios y frustraciones, los personajes empiezan a actuar por impulsos que no siempre llevan a buenos resultados. Pero siempre hay espacio para la esperanza. Lila y Lenù son dos chicas fuertes, determinadas, valientes y toman sus propias decisiones en un mundo machista del que intentan huir. Su amistad en este segundo volumen acaba un poco dañada, pero en el fondo ambas jóvenes se quieren sinceramente, con todo el corazón, creando una amistad verdadera que yo como lector envidio.

El año pasado cuando empecé con el primer libro de la saga no pensé que me fuera a enganchar tanto. Tras leer “Un mal nombre” confirmo las sensaciones que ya me dio el primer libro y me reafirmo en la voluntad de leer los dos restantes; eso sí, dando tiempo al tiempo, dejando reposar esta bellísima y compleja historia de amistad y sobre la vida, no ya por no saturarme sino para no acabar tan pronto de disfrutar de la narrativa y el estilo de Elena Ferrante ni para despedirme tan rápidamente de Lila y Lenù.

Caronte.

jueves, 21 de marzo de 2019

Lectura crítica: "En Paciente inglés"


Llevaba años detrás de esta novela de la que siempre había leído buenas críticas (no tanto de la película que siempre me ha referido como aburrida y pesada, extremos que aún debo confirmar ya que no la he visto). Sin embargo, no terminaba por decidirme a comprarla y leerla. Esto cambió hace unas semanas cuando di con una edición especial en inglés de la editorial Bloomsbury con una portada muy atractiva que me terminó por convencer para comprarlo en una librería de Madrid especializada en literatura en otros idiomas (aunque la mayoría de las veces salga más a cuenta comprar por Amazon). No solo la portada influyó, ya que, desde hace unos meses, exactamente desde que concedieron a esta novela el Golden Man Booker a la mejor novela de los últimos 50 años en Reino Unido, las ganas por leer esta obra crecieron exponencialmente. Vamos que ha sido un compendio de factores los que han hecho que, por fin, después de bastante tiempo, haya leído esta gran novela de bellísima escritura.

El paciente inglés” es probablemente la novela más famosa, y la más aclamada y premiada, de Michael Ondaatje. En ella, con un estilo lleno de imágenes sensoriales que atacan directamente a los cinco sentidos del lector, se narra una historia de guerra, amor, pasiones y locura. Cuatro son los personajes principales: el paciente inglés, cuya identidad durante toda la novela es un misterio; Hana, la enfermera canadiense que cura al paciente inglés en una villa semi en ruinas de Italia; Caravaggio, un militar canadiense cuya vida anterior a la guerra se desarrolló como ladrón; y Kip, un zapador hindú de aproximadamente la edad de Hana que no sabe muy bien cuál puede ser su lugar en el mundo y que por tanto está perdido en su existencia.

La trama de la novela gira en torno al personaje que le da título: un misterioso paciente que se dice inglés pero que nadie sabe muy bien quién es ya que está totalmente quemado debido a un accidente en mitad del desierto. “El paciente inglés” cuenta fragmentariamente la historia de este desconocido personaje al mismo tiempo que se entremezcla con los otros tres: Hana, Caravaggio y Kip. Sus historias personales, su pasado, su presente y sus dudas ante un futuro en el que la guerra sólo será un mal sueño y un recuerdo a guardar en lo más profundo de su memoria, se van cruzando a retazos, saltando de uno a otro por capítulos, y mezclándose a su vez con la historia de amor pasada y abrasiva del paciente inglés con Katherine Cliffton.

Ondaatje creó en su día una novela de estructura compleja con dos hilos argumentales diferentes; dos tiempos narrativos unidos únicamente por la presencia difusa y abrasada del paciente inglés, cuyas notas en un libro, sus conversaciones con Hana y lo que Caravaggio, que siempre duda de su verdadera identidad, le sonsaca medio drogándole con morfina. “El paciente inglés” no es de lectura sencilla por eso mismo, por la cantidad de saltos al pasado que hay, y por la cantidad de veces que se cambia de punto de vista en la historia. Y, sin embargo, gracias a esta complejidad, a esta obligación a que el lector esté muy pendiente y atento a la lectura y la trama, esta novela me ha parecido soberbia.

Lejos de clasificar “El paciente inglés” como una novela de espionaje, amor o bélica, creo que sería mejor decir que es una novela brillante y demoledora ante la que cualquier lector debería rendir honores ya que tiene todo lo que se puede pedir a un buen libro: y es que con esta novela uno es capaz de viajar lejos, muy lejos, y dejar, durante el tiempo que se esté enfrascado en su lectura, de ser un jubilado, estudiante, ama de casa o ingeniero, para ser un observador preciso de unas historias que llegan al fondo del corazón y conmueven todos los sentidos manteniéndolos alerta.

Hay ocasiones, y “El paciente inglés” es una de esas, en las que en una novela es tanto o más importante el continente que el contenido. En este caso el continente, es decir, el cómo está narrada esta novela y su estilo hacen que el lector no pueda separarse de sus páginas porque se siente atrapado por la belleza de las frases y las imágenes que evoca. Cada vez que se evocaba la noche, o una tormenta, o simplemente el piar de los pájaros o el discurrir del agua por una fuente de la Villa San Girolamo en ruinas después de la IIGM quería estar ahí. Mis sentidos se agudizaban para oír, tocar, oler, saborear y ver todo lo que los personajes sentían a través de todos sus sentidos.

No exagero si digo que “El paciente inglés” ha sido una de las novelas que más me han hecho sentir, no sólo emocionalmente, sino sobre todo a nivel sensorial. Por esta razón digo que la trama, aunque perfectamente hilvanada y cosida pese a su complejidad, puede incluso a veces pasar a segundo plano para dejar que sean los sentidos del lector quienes avancen en la trama. Además, Ondaajte logra introducir muchos elementos metafísicos en la novela haciendo que muchas de las cosas que se dicen y de los sentimientos que se expresan ni se digan ni se expresen de manera directa sino a través de metáforas e ideales.

No me arrepiento para nada de haber tardado tanto tiempo en haber leído “El paciente inglés” ya que una vez hecho creo que no hubiera sido capaz de leer esta novela antes: no hubiera estado preparado. Por eso soy prudente a la hora de recomendar este libro, ya que no todo el mundo puede acercarse a él y disfrutarlo como se merece. Hay que querer leerlo, y sobre todo hay que querer dejarse llevar por un estilo y una estructura complejas, pero al mismo tiempo perfectos que hacen de la lectura de esta novela un verdadero placer para todos los sentidos.

Caronte.

jueves, 14 de marzo de 2019

Lectura crítica: "La delicadeza"


Llevaba mucho tiempo sin leer nada en francés y ya tenía mono de ello. Por eso decidí volver a la lengua de Molière para que no se me oxide demasiado. Empecé a buscar autores nuevos franceses ya que también me apetece ir poco a poco expandiendo mis horizontes literarios por todo el mundo y no quedarme siempre centrado en los autores que ya sé que me gustan y con los que me siento cómodo. Rebuscando en Internet y en diferentes páginas de libros di con varios escritores interesantes y varias obras muy apetecibles. Al final me decidí por David Foenkinos, un autor al que llevo siguiendo la pista ya un tiempo, pero que por unas cosas o por otras al final siempre terminaba relegando y posponiendo su lectura. Una vez leída esta novela puedo decir que es muy probable que vuelva a leer alguna otra obra de este autor, ya que he quedado totalmente satisfecho con este libro, que ha superado con creces cualquier expectativa previa que tenía.

La Delicadeza” es una novela de amor y dolor, mismas caras de una misma moneda. No se ama sin que duela y el amor solo duele si es verdadero y nos toca profundo. De esto va esta novela: de cómo el amor llega a lo más profundo de nuestros corazones y nos destroza un poco hasta que somos incapaces de comprendernos sin amar a nadie. Pero es una historia de amor que empieza con amargura con una muerte. Muerte que puede parecer el fin de todo, el fin de amor que hemos considerado definitivo y eterno, pero que si nos dejamos llevar puede significar el renacer de un nuevo sentimiento.

La novela gira en torno a Nathalie, una mujer hermosa e inteligente, cualidades que están a la par y que hacen de ella la diana de miradas y envidias en su vida corriente. Nathalie se enamora furtivamente de François de manera casual, se casan, viven una locura de amor, un amor perfecto, sin fisuras, ideal, romántico, constante, eterno. Hasta que una mañana François es atropellado, cae en coma y muerte. Ahí toda la vida de Nathalie se derrumba, desaparece. Esto por sí mismo podría ser perfectamente la novela en sí misma, pero no. “La Delicadeza” va más allá y la vida de Nathalie continúa cuando queda viuda y vuelve a ser objeto de deseo por parte de dos hombres: Charles y Markus; cada cual de una manera de ser diferente y radicalmente opuesta. Charles es el jefe de Nathalie y por tanto una persona creída y con poder, que se cree atractivo per se; Markus es subordinado de Nathalie y una persona insegura y tímida. Ambos se enamoran de Nathalie pero de maneras muy diferentes. Solo uno termina volviendo a dar vida al destrozado corazón de Nathalie.

A diferencia de otras novelas de amor en la que todo es rosita y está edulcorada hasta la más mínima frase, “La Delicadeza” no. En esta novela me he encontrado una historia de amor normal y corriente, en la que los sentimientos no tienen ningún retoque y en la que los personajes tienen las mismas complejidades que cualquiera de nosotros. Además Foenkinos logra atrapar al lector haciendo de la lectura algo ameno. Aquí hay amor de muchas vertientes: el idílico de Nathalie con François; el pasional e impulsivo que siente Charles por Nathalie; y el que surge poco a poco, no de la atracción física, sino de la atracción entre dos personas que delicadamente se van conociendo, que es el que finalmente viven Nathalie y Markus.

David Foenkinos consigue con “La Delicadeza” algo muy complicado en una novela de amor: plasmarlo con naturaleza y sin sobreactuarlo cayendo en tópicos y estereotipos. Como he dicho no hay nada que empalague en esta novela y por eso no se hace nada pesada. Bueno por eso y porque el autor la estructura en capítulos cortitos intercalados con otros en los que se dan detalles off the record sobre cosas que se hablan en la historia y que hacen que el lector desconecte un poco sin alejarse del todo de la trama. Así aparecen los resultados de la liga francesa de fútbol de la noche de la primera cita de Nathalie con Markus, o los nombre de los discos que John Lennon podría haber sacado si no hubiera sido asesinado, o recetas de cocina, o la explicación del origen de la moqueta… Cosas que no tienen sentido pero que a fin de cuentas también hacen nuestro día a día individual.

La Delicadeza” no es una simple novela de amor, sino que va más allá y se convierte en una novela sobre la vida, sobre cómo saber sobreponerse a lo que pensábamos, a cómo a veces una huida hacia delante y el dejarse llevar son las soluciones que debemos tomar para cambiarlo todo. Cualquier persona en mayor o menor medida se puede sentir identificada con esta historia, ya que los personajes que la pueblan son personas normales y corrientes, llenas de contradicciones, miedos, debilidades, pasiones y envidias. Por eso creo que este libro puede conectar con muchos tipos de lectores, todos muy diversos entre sí.

Me siento feliz por haberme atrevido a descubrir un nuevo escritor y por haberlo hecho en su idioma original. Es un lujo poder leer en varios idiomas para no perder matices con las traducciones. Aunque tengo la impresión de que “La Delicadeza”, por cómo está escrito, no pierde ni un ápice al ser traducido al español. Creo que la lectura de esta novela es amena y puede gustar a mucho tipo de personas; como digo no es una novela de amor al uso. Yo tengo claro que volveré a leer algo de Foenkinos en el futuro (espero no tardar mucho en volver al francés) y recomiendo que cualquiera que busque algo diferente se anime con este libro.

Caronte.

martes, 5 de marzo de 2019

Lectura crítica: "A legacy of spies"


Londres 2017. Finales de noviembre. Un día probablemente gris y frío pero sin lluvia. Una librería en Bloomsbury. Una pila de libros cuya portada atrae la atención por lo misteriosa que es pese a su simpleza. Un nombre resalta por encima de cualquier otra cosa en la sobre cubierta del libro. John le Carré, el gran maestro de la novela de espionaje; para mí el mejor escritor inglés vivo y quizá, pese a pecar de ampuloso, uno de los mejores de la historia. Ya he dicho anteriormente que para mí no hay nada mejor que una novela de le Carré, cuando sea, como sea y donde sea. Mis dos últimos viajes a Londres han coincidido con nuevo libro de le Carré y en ambas ocasiones lo he comprado en la Waterstones de Gower Street. Y si todo va bien y nada tuerce el año, quizá este otoñó vuelva a la capital inglesa de visita y a comprar de nuevo libros, entre ellos la nueva novela que el escritor de Cornualles tiene pensado publicar y que ya estoy deseando leer.

En “A legacy of spies” John le Carré vuelve a sus orígenes y a los lugares y personajes con los que más cómodo se encuentra. De hecho la novela es, por así decir, una segunda parte de aquélla por la que saltó a la fama hace más de 50 años: “The spy who came in from the cold”. Sin haber leído esta novela de Le Carré el lector que quiera leer la novela de la que hablo hoy encontrará bastantes dificultades para seguir la historia y para ubicar personajes y acción pasada. Porque esta novela es una novela en la que el pasado juega un papel muy importante.

A legacy of spies” comienza con Peter Gulliam, todos los que leemos a le Carré sabemos quién es este personaje, otrora mano derecha de Smiley, en su granja francesa recordando viejos tiempos con cierto aire melancólico y con cierta soledad. Sin embargo, esa apacible tranquilidad se ve truncada por la llegada de una carta convocándole a Londres para tratar algunos asuntos concernientes a su pasado. Desde ese momento entra en escena todo lo acontecido en “The spy who came in from the cold”: personajes, lugares, nombre en clave, recuerdos, muertes, mujeres, sentimientos…

Dejando a un lado la trama de espionaje clásica que John le Carré vuelve a plantear en esta novela, creo que es mucho más importante señalar que “A legacy of spies” es una novela sobre la redefinición de nuestro pasado como sociedad, o cómo las nuevas generaciones se creen poseídas de cierto poder y supremacía moral para juzgar y rescribir el pasado de otras generaciones que tuvieron que tomar algunas decisiones y hacer algunas cosas que quizá, con lentes actuales estarían mal vistas. El que el MI6 cuestione e intente levantar la alfombra sobre una operación pasada en el Berlín ocupado y dividido de los años 50-60 arrojando mierda sobre Peter Guilliam hace que este recuerde absolutamente todo, y cuente lo que pueda y calle lo que quiere.

El narrador de “A legacy of spies” es Peter Guilliam, viejo conocido de los lectores de le Carré por haber aparecido como mano derecha del otro de los grandes protagonistas de esta novela, y quizá también de la obra de le Carré: George Smiley. Y a través de los recuerdos de Gulliam el lector va recordando paso a paso, y desde otra perspectiva todo lo que pasó y leyó en “The spy who came in from the cold”. Nombre y lugares comunes a varias novelas de le Carré se dan cita en las páginas de esta última novela del más grande escritor de espionaje. El Circus, Sarrat, Berlín… Mundt, Lizi Gold, Haydon, Prideaux, Mendel, Leamas…

La tensión durante toda la novela es palpable. La dura resistencia mental que Guilliam debe hacer para evitar traicionar a nadie empezando por sí mismo es brutal y eso el lector lo nota. “A legacy of spies”, luego el hilo argumental se va enrevesando, vuelve al presente todo el pasado, y no siempre de manera directa, sino a través de documentos, informes y transcripciones que van dando datos sobre lo ocurrido y por lo que los actuales espías intentan dilucidar el pasado juzgando a sus protagonistas. Es típico de le Carré mostrar una cara de la historia, hacer pensar al lector que los tiros van por un lado para luego cambiar de tercio de manera radical para que lo que parecía una cosa sea realmente otra muy distinta.

Que nadie considere que “A legacy of spies” es una novela sencilla de leer porque no lo es. Como en las mejores novelas de le Carré hay confusión, muchos nombres, verdadero y en clave, alias y pseudónimos que hacen de la lectura todo un reto mental para el lector. Pero eso es lo que me pone de las novelas de John le Carré, que no son simples súper ventas, o thrillers de verano, ligeros y amenos en los que uno se puede perder en la lectura que nada ocurrirá. Las novelas de le Carré son obras literarias de primer nivel, en las que el plano psicológico y la reflexión política y social tienen tanto peso o más como la propia historia de espionaje.

Puedo recomendar y recomiendo encarecidamente la lectura de “A legacy of spies”, en primer lugar a todos los amantes de John le Carré y sus libros, especialmente los que echamos siempre en falta a George Smiley; y en segundo lugar a todo el mundo, eso sí, habiendo leído antes “The spy who came in from the cold” ya que sin su lectura esta última novela de le Carré puede resultar muy muy pesada debido a que mama y se alimenta de todo lo que en esa novela, de ya más de cincuenta años, se cuenta. ¡Larga vida a John le Carré! ¡Viva el maestro!

Caronte.

viernes, 1 de marzo de 2019

Lectura crítica: “Réquiem por un campesino español”


Vuelvo a la Guerra Civil, tema por excelencia de la literatura española del s XX. Y lo hago leyendo por primera vez a uno de los grandes referentes de las letras españolas del exilio, Ramón J. Sender. Llevaba tiempo queriendo leer algo de Sender y por casualidad el fin de semana pasado visitando la Cuesta Moyano, paraíso bibliófilo para los libroadictos como yo, di con un ejemplar de la que quizá es su obra más famosa, comentada y estudiada. En su momento el diario El Mundo incluyó esta brevísima novela en su lista de las mejores del siglo XX en español; inclusión para mí totalmente merecida porque tras su lectura he terminado extasiado por la intensidad que, en apenas una hora de lectura, Sender fue capaz de generar haciendo que cualquier lector quede tocado emocionalmente con la historia. Además tuve la suerte de dar con un ejemplar de esta novela editado con una extensa introducción, muy académica, en la que se explican algunos matices de la obra en los que no se repararía si no fuera por ella.

Réquiem por un campesino español” es una novela muy breve, apenas 70 páginas, que se lee en un abrir y cerrar de ojos. En su origen apareció con el título “Mosén Millán” ya que es la voz de este cura la que narra toda la historia a través del presente, preparando la misa de réquiem de Paco “el del Molino”, quien es a su vez el verdadero protagonista del drama que se narra en esta obra. Mientras está en la sacristía preparando la misa Mosén Millán recuerda la vida de Paco y cómo éste muere a manos de la sinrazón y el odio que la guerra generó debido al analfabetismo y la ignorancia.

Siempre he dicho que la Guerra Civil fue consecuencia de la injusticia, de la rabia contenida, del poder que unos pocos ejercían sobre la mayoría creyéndose amparados por un poder superior que le ungía para ello. Y todo amparado por la Santa Madre Iglesia, cuyos prelados y curas, rurales sobre todo, mantenían al pueblo llano callado ante esas injusticias, impidiendo al mismo tiempo que la educación y la cultura calaran en esos estratos sociales. “Réquiem por un campesino español” muestra exactamente eso, cómo la guerra y la barbarie, alimentadas por la incultura prendió la mecha en la España rural, que por aquel entonces era la mayoría.

La novela gira en torno a Paco “el del Molino” a quien conocemos desde que nace por boca de Mosén Millán quien es el narrador de “Réquiem por un campesino español”. Paco es hijo de una familia humilde, de un pueblo de Aragón, cuya existencia está siempre muy unida al cura quien le coge un cariño especial y le trata casi como un hijo. Sin embargo, los tiempo en los que Paco tiene que vivir le van conformando como una persona luchadora, capaz de ver las injusticias que los “señores” del pueblo y el “duque” comenten contra el resto de los humildes campesinos, agricultores, ganaderos y arrendatarios. Esas injusticias, justificadas y minoradas por Mosén Millán van poco a poco separando a ambos hasta que la desgracia se cierne sobre España, y en este caso sobre este pequeño entorno rural en el que se desarrolla la novela.

Ramón J. Sender ha creado en “Réquiem por un campesino español” una fábula simbólica sobre lo que fue la Guerra Civil en la que un hombre intenta expiar sus pecados, Mosén Millán, después de haber “condenado” a Paco “el del Molino” y que su sangre cubra sus manos; mientras los tres “señores” del pueblo son los únicos en atender a la Misa de Réquiem intentando pagarla. Injusticia, ruindad, piedad, miedo, odio, rabia… Esta es una novela de sensaciones intensas, aumentadas por la brevedad y el ritmo que Sénder le imprimió a la obra.

Las apenas 70 páginas de “Réquiem por un campesino español”, narradas con una sencilles abrumadora y un realismo sobrenatural, hacen de esta novela una obra de fácil y sencilla lectura. Sin embargo, su digestión es más complicada, al menor para un lector que tenga conciencia y empatía. La intensidad de la novela va in crescendo hasta que llega a un clímax y el lector debe pararse a sopesar qué es lo que acaba de leer y sentir pena, rabia, desazón, todo aderezado por una tristeza horrible por ver de manera tan realista, con imágenes de pueblo que todos hemos oído de boca de nuestros abuelos, cómo se mataba y se moría por unos ideales falsos en ambos bandos cocinados a fuego lento por poderes fácticos que en ningún momento sufrieron la guerra. Porque la guerra la sufrieron sobre todo gente con conciencia y remordimientos.

Es difícil siempre recomendar una novela sobre la Guerra Civil, sobre esas dos Españas que nunca han terminado de ser una, pero “Réquiem por un campesino español” es una novela diferente. Probablemente no cuadre aquí decir que esta novela es tierna, pero en cierto sentido lo es. Aquí más que rabia y odio hay pena y culpa. Por eso recomiendo esta novela, porque no es una simple novela sobre la guerra sino sobre seres humanos que tuvieron que lidiar con muchos sentimientos, encontrados la mayoría de las veces, y tomar decisiones que en ocasiones, queriéndolo o no, eran erróneas simplemente por cubrir su conciencia o salvarse a sí mismos.

Caronte.

martes, 26 de febrero de 2019

Lectura crítica: "An ice-cream war"


En mi afán de ir descubriendo poco a poco nuevos autores, tarea compleja aunque pueda parecer lo contrario ya que no quiero descuidar a mis autores de cabecera, y buceando por los premios literarios ingleses, terminé por dar con William Boyd. Boyd es un escritor escocés que lleva en el mundo de las letras toda su vida y cuya obra literaria empezó allá por 1981. Es uno de los escritores más famosos de Reino Unido y su nombre y obra siempre aparece en las quinielas para los diferentes premios literarios. Premios que ya ha rozado en un par de ocasiones, como el caso del Booker, y que ha ganado también, como el Costa. Y siguiendo ya mi tradición, me he atrevido con Boyd en su idioma, buscando la esencia de la historia sin recurrir a traducciones para que todo lo que leyera fuera lo más preciso posible. No he errado el tiro con este escritor y tengo la impresión de que esta novela que hoy reseño no será la última que me vaya a leer de este escocés.

An ice-cream war” es una novela ambientada en la IGM en el África Colonial. Abarca seis años, entre 1913 y 1919. Está estructurada en cuatro partes: antes de la guerra, durante la guerra, como nieve al sol y después de la guerra. Sus capítulos están encabezados con la fecha y el lugar en el que se desarrolla la acción. Esta estructura permite al lector ir poco a poco viendo, notando, sintiendo, como los personajes van cambiando, sus vidas van siendo tocadas, arrasadas, modificadas y radicalmente cambiadas por la guerra y todas sus derivadas.

La novela gira en torno a un puñado de personajes que a medida que avanza la novela van entrelazando sus destinos y sus vidas terminan cruzándose. “An ice-cream war” no es una novela bélica, sino una novela en la que la guerra es un estado de ánimo que afecta a todos los personajes estén en África o en una apacible casa de campo inglesa. Una guerra que todos cuando estalla piensan que va a durar lo mismo que un puñado de nieve al sol (de ahí el título en inglés y su más que acertada traducción al español “Como nieve al sol”) pero que termina durando 4 años largos haciendo que millones de vidas queden marcadas de una manera u otra por la guerra y todas sus derivadas.

Si tuviera que decir quién protagoniza “An ice-cream war” nombraría a dos personajes: Temple Smith, un americano afincado a los pies del Monte Kilimanjaro y que cultiva sisal; y Felix Cobb el hijo menor de una familia aristocrática británica a la que odia salvo por su hermano Gabriel quien también es un personaje de la novela. Ambas historias se van alternando en la narración de la novela entrelazándose hacia el final. Por un lado tenemos a Temple quien ve como la guerra hace que le expropien su finca y se la queden los alemanes haciendo que se marche de su terreno arruinando su visión de futuro en su negocio. Por otro lado tenemos a Felix cuya historia para mí es la principal de la novela.

Felix Cobb representa el cambio de paradigma social que la IGM generó en el mundo occidental. Es un joven que no quiere saber nada de su pasado familiar y de las tradiciones pero que con la llegada de la guerra, viendo que su adorado hermano marcha a África a luchar, cambia de planteamiento, un poco llevado por la culpa, el peso de la tradición y el deber, termina yendo también a África a luchar y a buscar a su hermano. Pero “An ice-cream war” no es solo una novela de guerra y de los cambios que esta produjo en la sociedad, también es una novela de amor y de cómo el amor tiene sus propias reglas, semejantes a las de la guerra, que dicen que todo vale. Felix y la mujer de su hermano terminan teniendo un romance; romance que marchita sus conciencias, las atormenta por el peso del deber y del bien y del mal, y que termina en desgracia.

Amor y guerra, deber y deseo. “An ice-cream war” es un retrato fiel de cómo el mundo cambió en apenas un abrir y cerrar de ojos. Al principio de la novela todo es más o menos idílico, tanto en África, donde todo lleva su ritmo, y los colores, olores, ruidos y texturas son diferentes y llenas de imágenes oníricas; como en Inglaterra, donde la clase aristocrática solo sabe comer en sus casas de campo, casar a sus hijos con hermosas jóvenes, alistarse en el ejército como símbolo de poderío y elegancia por esos magníficos trajes coloridos y medallas al pecho. Pero con el desarrollo de la novela el lector se va dando cuenta poco a poco de cómo toda va cambiando, y los planteamientos iniciales, la vida que se refleja en las primeras páginas, cambiar por completo.

No quiero acabar sin mencionar un par de personajes secundarios de “An ice-cream war” que hacen que la novela gane en realismo y sobre todo en amenidad. En primer lugar a Wheech-Browning un funcionario británico del África Colonial cuya incompetencia va sembrando el caos y la desgracia allá por donde pisa, pero que termina por resultar casi cómico por esa caricaturización que parece tener encima. Otro de los personajes que para mí son claves, es von Bishop, un militar alemán que por su deber como tal debe tomar decisiones irracionales propias de una guerra y que probablemente por su manera personal (que no militar) de ser no tomaría nunca. Ambos personajes, pese a que pueden parecer inocuos son fundamentales en todo el desarrollo de la novela y en lo que les pasa a los principales protagonistas.

An ice-cream war” ha sido un total descubrimiento. Una novela que he devorado de principio a fin, totalmente adictiva. Además esa ambientación en África, esas descripciones de ruidos, culturas, olores, paisajes oníricos que chocan con lo que el mundo en esa misma época estaba viviendo, hacen que la novela sea una delicia para la imaginación y hace al lector viajar a otra época y casi a otro mundo. Ni que decir tiene que los personajes son tan convincentes y bien definidos que uno termina cogiéndoles cariño casi sin proponérselo y quiere saber más de sus vidas y de cómo van sucediéndose los acontecimientos. William Boyd se me ha descubierto como un gran escritor, capaz de envolver al lector con su forma de narrar y de llevarme lejos olvidándome de mi alrededor. Probablemente vuelva a repetir.

Caronte.

lunes, 18 de febrero de 2019

Lectura crítica: "Donde nadie te encuentre"


En un impulso investigador me puse hace unas semanas a buscar libros que comprar y leer. Estaba falto de inspiración lectora. Necesitaba un respiro de mis autores predilectos y del tipo de literatura que suelo leer. Quería también descubrir nuevos autores y adentrarme en géneros que hasta la fecha no he tocado mucho. Entré en la web de mi librería de segunda mano de cabecera y di con varios títulos que me llamaron poderosamente la atención. Uno de esos títulos es el que voy a reseñar hoy y cuya lectura se ha alargado más de lo previsto debido a la mismísima vida, o mejor dicho, a su secretaria perpetua: la muerte. Quizá esta reseñar debería haber estado lista a finales de la semana pasada pero mi abuela nos dejó el martes pasado y en ese instante el tiempo se paró para todos; no hubo más tiempo que para llorar, sufrir, abrazar, acompañar y sentir cómo el tiempo arrasaba todo a nuestro alrededor. Por desgracia esta lectura la recordaré toda mi vida por lo que perdí durante la misma.

Con “Donde nadie te encuentre”, Alicia Giménez Bartlett, su autora, consiguió el Premio Nadal en el año 2011. El Nadal ha sido siempre uno de esos grandes premios literarios españoles, y de los pocos otorgados por editoriales que han mantenido cierto prestigio independiente hasta hace relativamente no mucho tiempo. Sin embargo, en los últimos años ya, y a pesar de que se sigue resistiendo a los grandes nombres de la literatura comercial, ha perdido gran parte de ese prestigio. He leído ya varios de los más recientes Premios Nadal y en casi todas las ocasiones me he encontrado con el mismo tipo de novela carente de las mismas cosas. En este caso pasa lo mismo.

Donde nadie te encuentre” plantea una historia realmente interesante, la de Teresa/Florencio Pla Meseguer, uno de los últimos maquis fugados cuya historia no se centra únicamente en su vida de maquis y resistencia a la dictadura franquista, sino que también tiene un gran componente sociológico al tratarse probablemente de las primeras personas que decidieron realizar un cambio de sexo debido a su seudohermafroditismo masculino. Sin embargo, y pese a este muy interesante planteamiento de raíz, la novela a mí no me ha enganchado en ningún momento.

La novela está narrada en dos estilos totalmente diferentes y se estructura de esa manera de manera intencionada para que el lector pueda diferenciar claramente cuando se habla de La Pastora, que es como se conocía a Florencio Pla Meseguer, y cuando la novela discurre por su planteamiento ficticio. Giménez Bartlett usa la primera persona en la narración para dar voz en “Donde nadie te encuentre” a su protagonista, para que cuente su historia desde su infancia; mientras que la tercera persona y la narración omnisciente queda para la novela propiamente dicha en la que la trama gira en torno a la búsqueda por parte de in periodista barcelonés y un médico psiquiatra francés de La Pastora.

Donde nadie te encuentre” a fin de cuentas es una especie de biografía novelada de un personajes histórico real pero al mismo tiempo se recubre de historia medio policiaca y de investigación sociológica que no tiene ni pies ni cabeza. Lucien Nourissier y Carlos Infante son los otros dos protagonistas de la novela, los protagonistas de la parte de ficción. Dos personajes antagónicos uno del otro que se convierten en amigos de aventuras. Pero nada en ellos me hace sentir empatía. No termino de conectar con sus personalidades. Su evolución además es casi plana y muy forzada. Y los intentos por intentar dejar huellas psicológicas en el lector son tan claras y tan poco efectivas que a veces hasta da pena leerlas. Lo único interesante de ambos personajes son las pullas constantes entre los estereotipos entre franceses y españoles que siempre hemos tenido.

Me parece también bastante chapucero, y no sé si es idea de la editorial o de la propia autora que “Donde nadie te encuentre” venga impreso en dos tipografías diferentes usadas para indicar en qué parte del libro nos movemos. Teniendo en cuenta que has dos tiempos verbales claramente diferenciados en la novela según quién y qué se narre, la utilización de dos tipografía me parece innecesario y casi un insulto al lector. También es cierto que para despropósito el hecho de que la novela esté dividida en dos partes, cuando en el fondo la narración es una y además lineal, ya sea en la parte de La Pastora, como en la de los “investigadores”.

No voy a hablar del final de “Donde nadie te encuentre” porque me ha parecido abrupto, inconexo y falto de argumentación. Tengo la sensación de que la novela está terminada adrede porque se estaba alargando demasiado, cosa que es cierta, ya que para mí la novela tiene partes que sobran claramente y otras que sin embargo están demasiado escuetamente desarrolladas. Pocos pasajes de la novela me han entretenido pese a que como ya he dicho había material suficiente para haber hecho una gran historia. Pero como suele pasar en los premios literarios, a veces se peca de grandeza y se hacen cosas absurdas convirtiendo algo decente en algo mediocre.

Tras lo dicho poco puedo añadir para que no quede muy brusco decir que “Donde nadie te encuentre” no me ha gustado nada. Me ha decepcionado enormemente comprobar cómo se puede arruinar una buena base de partida y una historia real para terminar haciendo una novela larga, pesada y aburrida; de personajes planos con los que no he empatizado en ningún momento y cuyo hilo argumental (fuera de la historia en primera persona de La Pastora) se pierde, se alarga y se precipita abruptamente a un final sin pies ni cabeza. Intento evitar no recomendar una novela aunque a mí no me haya gustado y sé que seguro hay público para esta historia, pero definitivamente para quien busque una historia conmovedora, dura, seria y competente este no es su libro.

Caronte.

jueves, 7 de febrero de 2019

Lectura crítica: "Las ciegas hormigas"

Llevaba tiempo rondando la obra de Ramiro Pinilla. Justo desde que leí un artículo en prensa referente a su trilogía vasca, una de las obras más importantes del siglo XX en España y que tardó en escribir unas dos décadas. Y mirad que esa trilogía en formato bolsillo la encontré en mi librería de segunda mano de cabecera hace meses y no me decidí a comprarla por creer que no iba a estar preparado para leerla. La dejé pasar. Ya no están esos tres libros en la librería. Sin embargo, hace un par de semanas mirando por internet las novedades que habían entrado en esa librería di con este título. Sin pensarlo me fui por la tarde a comprarlo. En el fondo éste era el libro con el que quería acercarme a la obra de Pinilla, ya que fue una de sus primeras novelas, y por la que ganó dos de los principales premios literarios de este país (el Nadal y el de la Crítica), cuando los premios aún tenían prestigio, ganados con mucho merecimiento.

Las ciegas hormigas” es una novela en la que Pinilla plasma todo lo que es ser vasco. La novela gira en torno a un naufragio en los acantilados de la Galea en Algorta, justo en frente del puerto de Bilbao. Un buque mercante inglés, cargado de carbón, queda destripado en las rocas y vierte su contenido. En los años de posguerra españoles el carbón es un lujo, y en el norte con unos inviernos crudos y mortalmente fríos una necesitad también. Por esta razón la noche en la que el carguero encalla aparecen en la costa y arriba en los acantilados faroles mecidos por el viento y la lluvia, a merced de la tempestad. Faroles que implican personas, gentes de pueblo, humildes aldeanos que pretenden recoger todo el carbón que puedan.

Una de las familias que van hasta los acantilados es la protagonista de “Las ciegas hormigas”. Una familia que podría ser todas las familias humildes de posguerra española, pero con la peculiaridad de que es vasca, y las raíces de la identidad vasca quedan patentes en todos y cada uno de los miembros de esta familia. Sabas es el cabeza de familia, recio, frío, parco en palabras, resolutivo y contrario a todo tipo de asueto. Y es en torno a Sabas alrededor de quien gira toda la novela.

Las ciegas hormigas” es una novela en la que la trama por sí sola no es importante. Es un hecho sin más en el que se refleja una posguerra española muy dura. Pero sobre todo esta es una novela de personajes en la que el narrador es Ismael, el hijo predilecto de Sabas, que al principio de cada capítulo numerado con números romanos nos cuenta lo esencial de la historia. Pero Pinilla también incorpora la vos de todos los demás personajes y protagonistas de la novela haciéndoles hablar y narrar desde su mundo interior y su punto de vista todo lo que acontece en apenas cuatro días que es lo que dura el tiempo de la novela.

De esta manera no sólo Sabas es el omnipresente personaje de la novela, como padre, marido, cuñado, vecino o amigo. También son protagonistas de “Las ciegas hormigas” su mujer Josefa, resignada ama de casa y madre que no recuerda si quiera como llegó a ser a mujer de Sabas; su hijo Cosme, cuya recién adquirida escopeta guarda como oro en paño y se desvive por ella pese a que el naufragio y la posterior empresa del padre le hacen perder el día de estreno de la misma; su hijo Bruno, que se ha escapado del cuartel desertando; su hija Nerea, la pequeña de la casa y que solo tiene atención a tres gatitos huérfanos; la suegra, siempre tan religiosa y piadosa; y Pedro, su cuñado, quien por unas o por otras se desvive más que Sabas por la familia de este. Me faltaría nombrar a Fermín, el último de los hijos, cuya presencia, sobre todo corpórea, conforma también el otro punto de apoyo de la novela.

Todos esos personajes y alguno más hacen que “Las ciegas hormigas” sea un compendio de sabidurías. Todos de una manera u otra son seres individualistas que miran únicamente por sus intereses, a pesar de que son familia; pero al mismo tiempo todos, con sus individualidades, cuando la tormenta, la necesitad, el carbón o la noche se tragan a uno de ellos, pasan a ser un único ser, una única familia que tiene que tirar del carro al unísono. A fin de cuentas eso es la sociedad actual también, parece que en décadas no ha cambiado nada y seguimos siendo las mismas hormiguitas que intentan hacer individualmente su trabajo para formar parte de un todo.

A pesar de que considero que “Las ciegas hormigas” no es una novela sobre la posguerra o el franquismo, durante toda la historia están presentes los diferentes estratos sociales y de poder que siempre han existido en este país. Por un lado Sabas y su familia, que como todas las demás intentan sobrevivir al frío en este caso, y por otro la autoridad, encarnada por el Teniente García, encargado de rastrear todo el carbón robado para devolverlo como es su deber. La crudeza del poder contra el pueblo desarmado y miserable.

Las ciegas hormigas” también es una novela en la que el ambiente es muy importante. El lector podrá comprobar como Pinilla hace que la noche, la tormenta, la lluvia, el barro, el frío, el heno, la paja, el estiércol formen parte de la trama. Al final se puede decir que uno casi acaba empapado, calado hasta los huesos por la tormenta que en el fondo es la que desencadena toda la historia, toda la tragedia universal que se narra en estas páginas.

No puedo añadir más a una novela que va de menos a más. Porque es verdad que “Las ciegas hormigas” en sus primeras páginas se hace extraña, es como recelosa de que el lector se adentre en su historia. Pero solventadas esas primeras páginas, cuando uno sabe cómo acudir a la historia y mimetizarse con ella el libro pasa a ser una delicia para los amantes de la buena literatura, no ya por la trama o los personajes, sino también por como Ramiro Pinilla narra todo haciendo que el lector solo tenga que dejarse llevar por los personajes, queriéndolos y odiándolos. Una pena que este escritor vasco no sea más leído y conocido, porque creo que tendría que tener mejor lugar en la literatura española.

Caronte.

martes, 5 de febrero de 2019

Lectura crítica: "El túnel"


Solo me había acercado anteriormente una vez a la literatura argentina; fue con Borges cuando por primera vez tomé contacto con uno de los países sudamericanos con mayor tradición literaria. ¡Borges nada menos! Y encima sus cuentos, por los que es mundialmente conocido. Pero ya fuera porque no estaba preparado, o porque no me pilló en un buen momento, o porque era demasiado nivel para mí, pero quedé totalmente decepcionado con su obra breve. Por esa razón quizá dejé de lado un poco la literatura iberoamericana. Y por eso hacía ya un par de años que no leía nada de ningún escritor del otro lado del charco, cosa que considero muy grave en mi caso ya que siempre he dicho que la literatura en español no es únicamente la que se hace en España (de hecho ésta sería una mínima parte en todo caso). Por eso cuando el otro día en mi librería de segunda mano predilecta di con este clásico de las letras argentinas, que además cumplió el año pasado 70 años, no lo dudé y lo compré.

El túnel” fue y sigue siendo una novela turbadora por lo directa, intensa y sobrecogedora que es. Narrada en primera persona por su protagonista, Juan Pablo Castel, la trama gira en torno al asesinato por parte de este de María Iribarne, una mujer de la que Castel, tras verla fugazmente mirando fijamente uno de sus cuadros en una exposición, se enamora perdidamente hasta enloquecer y perder contacto y pie con la realidad. A pesar de que parece una historia de amor y pasiones humanas, es la narración de un crimen y todos los pasos que se dan hasta que ese crimen se acomete de manera irrefrenable.

Ya desde el comiendo, con la primera frase de “El túnel” el lector queda atrapado por la historia y por cómo esta, que empieza de manera ‘macabra’, pasa a continuación a volverse dulce, como una historia de amor repentino y no esperado más, hasta ir degenerando poco a poco en una historia de locura, desenfreno y búsqueda de una realidad que no existe aunque el protagonista intente racionalmente encontrar sentido a los actos y sensaciones irracionales que le sobrevienen tras ver a María Iribarne y quedarse prendado de ella.

Pero nada es tan simple como parece en “El túnel”. María Iribarne a pesar de que se deja acercar por Castel, está casada con Allende, un ciego, y no solo eso sino que también es amante de Hunter, primo de Allende. Parece el argumento perfecto para una telenovela de sobremesa con sus posibles tragedias intermedias. Pero en este libro solo hay una tragedia: la que Castel va recordando cada cierto tiempo en la narración diciendo que mató a María.

Pese a las múltiples interpretaciones que a lo largo de los años se ha hecho de “El túnel”, para mí esta novela no es ni una especia de thriller, ni una novela cuasi policiaca, ni mucho menos (a pesar de que es lo que más parecer ser) una novela de amor. Para mí este libro representa la soledad de la civilización actual y como esa soledad cuando se apodera de uno sin que se controle y se sepa aceptar como lo que es, puede convertirse en una obsesión y distorsionar la realidad objetiva que nos rodea.

No soy de los que buscan explicaciones metafísicas o filosóficas a las novelas, no soy capaz de ir más allá de lo que las palabras expresan y mis ojos leen. “El túnel”, como su nombre indica, es una travesía por el lado oscuro del ser humano, donde las pasiones ciegan al más racional de los hombres haciéndole estrechar su punto de vista hasta convertirlo en un túnel cuya única salida es la luz al otro extremo. Esa agonía, esa ansiedad por no estar solo de Castel es la que en su momento probablemente, hace 70 años, se interpretó de manera existencialista, pero que hoy en día yo entiendo como miedo a la realidad de una vida en la que cada vez con mayor frecuencia las personas estamos solas.

Tras la lectura de “El túnel” he quedado extasiado a pesar de su brevedad y su facilidad de lectura gracias al estilo sencillo, simple y directo de Sabato. Hay tanta intensidad en tan pocas páginas, pasan tantas cosas que hacen que la historia vaya por unos derroteros o por otros, que al final de cada sesión de lectura (viaje en metro) mi cerebro debía analizar un rato aquello que mis ojos le habían enviado. Estas son las novelas que me gustan, las que hacen trabajar bien al cerebro y no dejan al lector un segundo de respiro. Esto es literatura y así debería ser la literatura, el resto son libros.

Nadie puede negar que “El túnel” es un clásico de la literatura iberoamericana y no voy a ser yo quien lo recomiende o lo deje de recomendar. A mí personalmente me ha parecido una novela perfecta, concisa, completa, intensa y turbadora. El estilo es claro y directo. Los personajes principales están perfectamente definidos y en el caso del protagonista y narrador de la historia se ve claramente el avance por el túnel de la irrealidad y la soledad y su evolución a lo largo del mismo. También aviso a quien quiera leerla, y es que este es un libro muy intenso y que necesita de una concentración absoluta en su lectura para no perder un solo detalle de la misma, pero como dije antes: también es muy buena literatura.

Caronte.

viernes, 1 de febrero de 2019

Lectura crítica: "El último baile"


No hay duda alguna de que Mary Higgins Clark es una de las grandes damas de la novela de policiaca y suspense actuales. Tampoco hay duda alguna de que es una escritora prolífica donde las haya que ha sabido dar con la tecla de eso que se llama novela súper ventas y cada uno de sus títulos se convierten de manera inmediata en éxitos de ventas. Pero como ya he comentado alguna que otra vez ventas y calidad literaria no suelen ir ligadas; hay casos en que sí, que una novela realmente bien escrita, de alto nivel literario y narrativo, se convierte en un fenómeno popular de ventas. Pero como digo no es lo normal. No puedo juzgar la obra de Higgins Clark en su totalidad (son 57 novelas) pero sí puedo juzgar esta y es lo que voy a hacer teniendo en cuenta que nunca antes había leído a esta autora, veterana ya de la pluma y el papel, por lo que no puedo comparar esta última novela publicada en español con sus anteriores trabajos.

El último baile” es la última novela publicada en castellano de Mary Higgins Clark. La acción se sitúa en un barrio de clase acomodada y los protagonistas, como en un buen drama telenovelesco de después de comer, son muchos y variados. La acción se estructura alrededor del asesinato de una joven llamada Kerry, que aparece en el fondo de la piscina de su casa una mañana después de una fiesta adolescente. Se suman a este hecho un vecino con una minusvalía intelectual, un ex novio celoso, unos padres destrozados y una comunidad pequeña donde todos se conocen y los rumores se expanden como la pólvora. Pero no hay testigos fiables…

Voy a ser sincero desde el principio, “El último baile” es una novela simple y muy básica, destinada a un público determinado que busca una novela ligera, que no le complique la existencia (la lectura en un vagón de metro, en el salón de su casa un domingo gris y lluvioso, en la cama antes de dormir y dejar caer el libro sobre el regazo) y que no haga funcionar al cerebro demasiado. Para mi gusto es una novela floja, donde ni trama ni personajes me terminan por enganchar a pesar de que puede tener algún que otro brillo oculto.

Generalmente en este tipo de novelas se tira mucho de personajes típicos y de muchos tópicos. “El último baile” no va desencaminado en este sentido. Drama familiar por el asesinato de una joven de 18 años; padres destrozados; inocentes acusados; malentendidos; vecinas cotillas; un joven discapacitado que lo lía todo; amigos encubridores; familias llenas de odio; mucha religiosidad; alguien que no es quien aparenta; pistas falsas; abogados y jueces y policías… Pero de entre todos los personajes ni uno tiene una definición clara y profunda, ninguno evoluciona en toda la novela. Quizá solo salvo a la hermana de la fallecida, Aline, una joven de 28 años que vuelve a casa después de un drama personal y tras haber pasado 3 años trabajando fuera para encontrarse con su familia destrozada por la tragedia.

Con “El último baile” tengo la impresión de que la historia va narrada a trompicones. Su estructura de capítulos cortos no ayuda a que haya una narración continuada en la que la propia trama lleve al lector de un lado a otro. Es muy agobiante para mí, que estoy acostumbrado a narraciones bien hiladas, toparme con una novela como esta en la que la narración va a saltos, solapando dramas, historias familiares y puntos de vista. Lo que algunos pueden considerar un estilo rápido y voraginoso, para mí es un estilo simple, más que sencillo, que lo único bueno que tiene es que es de rápida lectura, pero poco más.

Tengo también la impresión que Mary Higgins Clark es considerada la reina del suspense y las novelas policiacas como lo es John Grisham el rey de la novela judicial. La cuestión es que Clark en “El último baile” usa una historia muy masticada ya para intentar sonar original, cosa que ya es muy complicado conseguir en este tipo de novelas. No critico que sea así, cada escritor tiene su público, pero creo que un libro es algo sagrado y cada historia debe intentar contar algo y significar algo, no solo servir de divertimento y pasatiempo. Y este libro es lo segundo dejando muy de lado lo primero. Con que solo los personajes y la trama hubieran tenido más profundidad todo hubiera sido muy diferente.

No obstante y pese a mi opinión personal sobre “El último baile” he de decir que tiene una virtud, y es que termina enganchando ligeramente, aunque solo sea por ver cómo termina todo y se cierran todos los flecos de la historia. Es una buena novela para pasar el rato, pero no para disfrutar leyendo porque no tiene ningún elemento de lo que para mí es la buena literatura. Esta es literatura de estación de tren de aeropuerto o de sala de espera en el hospital; pero nunca de salón calentito y disfrute casero.

Caronte.